Espacio

La curiosa historia del astronauta que “cazó” un tesoro desde el espacio y lo mantuvo en secreto por 40 años

En el inicio de la carrera espacial, entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, este astronauta norteamericano detectó joyas en las costas de Florida.

Astronauta en el espacio

La Tierra vista desde el espacio tiene un foco distinto para los científicos que intentan detectar los misterios que esconde nuestro planeta. Es por eso que alrededor de nuestra órbita hay diferentes satélites investigando nuestra superficie.

Sin embargo, antes de toda esta explosión tecnológica, hubo un astronauta estadounidense que mapeó la extensión del continente americano, para estudiar sus virtudes y defectos. Así, sin que nadie lo supiera, detectó algunas anomalías metálicas en las costas de Florida y México.

Corría el año 1963 y entre la Unión Soviética y los Estados Unidos se desataba una competencia por establecerse en el espacio.

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Fue durante la histórica misión Faith 7 del programa Mercury de la NASA, el astronauta Gordon Cooper capturó la atención del mundo al afirmar haber avistado tesoros ocultos desde el espacio. Sus declaraciones provocaron especulaciones sobre la posibilidad de descubrir valiosos naufragios y objetos antiguos en los océanos del planeta.

En su vuelo orbital, Cooper aseguró haber visto luces y destellos en los océanos que le parecían sospechosamente artificiales. Interpretó estas anomalías como posibles restos de naufragios o tesoros escondidos en las profundidades marinas.

Movido por su descubrimiento, solicitó a la NASA que se incluyeran cámaras de alta resolución en futuras misiones espaciales para investigar estas misteriosas apariciones. Pero dejó algunos cabos sueltos para luego investigarlos por sí mismo.

Lo ayudó que los científicos de la NASA explicaron que los avistamientos de Cooper podrían haber sido causados por reflejos de luz o fenómenos atmosféricos, lo que pone en duda la existencia de tesoros ocultos en los océanos basándose únicamente en sus declaraciones.

A pesar de la falta de evidencia concreta, la historia de Gordon Cooper y los tesoros vistos desde el espacio ha generado un interés duradero. Ha alimentado la imaginación de muchas personas y ha inspirado especulaciones sobre qué secretos y riquezas podrían estar ocultos en los lugares más remotos de nuestro planeta.

A medida que la tecnología espacial y submarina avanza, la exploración de los océanos se ha vuelto más sofisticada y detallada. Las expediciones científicas han revelado fascinantes descubrimientos, como restos arqueológicos y naufragios históricos, que enriquecen nuestro conocimiento del pasado. Sin embargo, hasta el momento, no se ha encontrado evidencia directa que respalde las afirmaciones de Cooper.

La historia de Gordon Cooper y sus avistamientos desde el espacio nos recuerda la importancia de mantener una actitud científica y crítica ante los relatos sin pruebas concretas. Aunque los tesoros ocultos pueden seguir siendo un sueño cautivador, es fundamental basar nuestras conclusiones en evidencia sólida y rigurosa investigación científica.

Un mito urbano dice que Cooper se unió con el cazador de tesoros Kip Wagner y juntos descubrieron las joyas escondidas de la flota española perdida en 1715, según reseña El Tiempo.

Para lograrlo, habría acudido a información que él mismo entregó a la NASA de su misión y que desde la agencia espacial nunca quisieron investigar. Así nació el “Mapa del Tesoro de Cooper”, que tendría la información exacta de algún tesoro perdido.

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