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Increíble pero cierto: La primera webcam del mundo fue creada para vigilar... una cafetera

Sus creadores admiten que fue una idea revolucionaria y tal vez la más importante de toda su carrera.

En los albores de los años 90, la Universidad de Cambridge fue el escenario de un ingenioso invento que más tarde se convertiría en una herramienta esencial en nuestras vidas: la primera webcam de la historia.

Esta historia es curiosa, por decir lo menos. Y es que fue creada por Quentin Stafford-Fraser y Paul Jardetzky, dos investigadores que enfrentaban un desafío común en sus oficinas: una cafetera constantemente vacía.

Hartos de subir y bajar escaleras sólo para encontrar la cafetera sin café, estos expertos en informática idearon una solución que cambiaría la interacción digital para siempre.

Así se creó la primera webcam

Stafford-Fraser y Jardetzky idearon una cámara enfocada en la cafetera y desarrollaron un sistema para transmitir sus imágenes a computadores.

Así, podían verificar el estado de la cafetera en tiempo real y sin tener que moverse de sus escritorios.

Este sistema rudimentario, aunque efectivo, consistía en una cámara de escala de grises que capturaba imágenes de la cafetera cada pocos segundos.

“Fijamos una cámara a un soporte, apuntamos con ella a la cafetera del pasillo y pasamos los cables por debajo del suelo”, recordó Stafford-Fraser en conversación con IFL Science.

Cafetera grabada por la primera webcam de la historia

De cuidar el café a invento revolucionario

Posteriormente, en 1993, Martyn Johnson, otro investigador con interés en la cafetera, pero sin acceso a la red interna de Cambridge, se sumó al proyecto.

Johnson adaptó el código del servidor y creó un script de 12 líneas que permitía transmitir la imagen de la cafetera a la World Wide Web, marcando así el debut de la cafetera de Cambridge en Internet.

Esta transmisión captó la atención de millones de aficionados a la tecnología de todo el mundo, se convirtió en un fenómeno de Internet y permaneció activa hasta agosto de 2001.

Según recuerdan sus creadores, la última imagen transmitida por esta histórica webcam fue una borrosa estampa de una mano, acompañada de un mensaje en la web de la universidad que señalaba el fin de una era.

La cafetera, ya parte de la historia de la tecnología, fue subastada por 3.350 libras esterlinas, un precio significativo para una reliquia de la innovación informática.

“A veces pienso que nada en lo que vuelva a participar tendrá tanta repercusión y fue solo una idea loca de una tarde”, rememoró Stafford-Fraser en 2012.

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