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La poco conocida historia sobre la Soyuz 1, primera nave espacial tripulada de la historia que terminó con un astronauta muerto

El astronauta ruso que murió en la misión, Vladímir Mijáilovich Komarov, quiso arreglar el panel solar de la Soyuz 1 a patadas.

Imagen artística del acoplamiento
Soyuz 11 y Salyut Imagen artística del acoplamiento (Archivo referencial)

Durante los años sesenta Rusia y Estados Unidos desataron una brutal batalla por conseguir el título de ser el primer país en llegar al espacio. Las agencias espaciales de ambos países desarrollaron mecanismos que probaron y que con el paso del tiempo terminaron siendo exitosos.

Sin embargo, antes de gritar Eureka, se registraron pérdidas materiales y humanas, que estuvieron relacionadas a errores de cálculos y cuestiones que se pudieron evitar si no hubiese existido el apuro político de “ganar”.

Describir la escena que ocurrió hace más de 55 años es muy similar a lo que sucede en la actualidad con más países luchando por lograr hitos científicos. No hemos aprendido nada y todo indica que tampoco estamos encaminados a dejar esas viejas disputas atrás.

Al menos hoy podemos destacar algo positivo: hay mayores asociaciones, incluso entre la agencia espacial rusa y la NASA. Y además, está la integración de la empresa privada que, queremos creer, no ve de países, aunque sí de intereses comerciales.


¿Qué pasó con la Soyuz 1?

Para quienes no están familiarizados con la historia, Soyuz 1 es la primera nave que sale a la órbita de la Tierra tripulada por un astronauta. Fue un logro - a medias- de Roscosmos, nombre de la agencia espacial de Rusia.

En su interior iba el cosmonauta Vladímir Mijáilovich Komarov, un ruso de 40 años que murió en el regreso de la nave a la Tierra, puesto que la máquina se estrelló contra la superficie de nuestro mundo, en aquel fatídico abril de 1967.

Según la reseña de Infobae, la nave despegó y llegó a la órbita sin problemas. Ya en el sitio comenzaron los inconvenientes ya que falló uno de los paneles solares. Tenía que desplegarse y no lo hizo, un problemas bastante delicado ya que esto debía generar energía para la nave.

Debido a esto algunos sistemas, carentes de energía por la situación, comenzaron a fallar. Los más delicados de todos fueron los mecanismos de telemetría, control térmico y los sensores de orientación y propulsión.

En aquel entonces pensaron en enviar una segunda nave tripulada (Soyuz 2) para asistir a Vladímir. Afortunadamente no lo hicieron, ya que eso habría significado más pérdidas humanas. Entonces, intentaron asistirlo desde la torre de control en la Tierra para ver si podía arreglar los fallos y regresar de inmediato a casa.

Mientras esto ocurría se dio la poco conocida historia de esos momentos previos a los últimos minutos del astronauta con vida. Vladímir intentó de todo para hace reaccionar al panel solar que no se desplegaba y en un momento, en la comunicación con la Tierra se escucha como dice en los mensajes: “¡Maldita máquina! ¡Nada de lo que hago funciona!”, para minutos más tarde arremeter a patadas contra el mecanismo dañado.

La historia final es conocida. Intentó aterrizar y los cohetes que debían frenar su velocidad no se activaron. Los paracaídas tampoco se abrieron y la nave se estrelló a una velocidad que la convirtió en un amasijo de hierro.

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