Durante años, Starlink fue “solo” el internet satelital de Elon Musk. Pero si los planes que se están cocinando en SpaceX se concretan, esa etiqueta se va a quedar corta. La compañía ya trabaja en lo que internamente llaman Starlink Phone, un smartphone diseñado desde cero para hablar con los satélites en órbita baja.
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No sería un móvil más en el escaparate: sería el primer paso serio hacia un teléfono que se conecta al espacio sin pedirle permiso a ninguna red móvil tradicional.
Un teléfono hecho para hablar con el espacio
La idea detrás del Starlink Phone es sencilla de explicar pero ambiciosa en la práctica: un móvil capaz de conectarse directamente a la constelación de satélites que Starlink tiene girando a unos 550 kilómetros de la Tierra. Nada de torres, nada de antenas terrestres: solo el teléfono y los satélites.
Para lograrlo, el proyecto se apoya en la tecnología “direct to cell” que SpaceX ya está probando en Estados Unidos.
En vez de inventar un estándar extraño, el sistema hace que el teléfono vea al satélite como si fuera una torre LTE/4G flotando en el cielo. Desde el móvil, la experiencia sería similar a conectarse a una red celular normal… solo que la antena está orbitando el planeta.
El objetivo principal no es competir de tú a tú con las redes 5G de las grandes ciudades, sino atacar el problema que nadie quiere: las “zonas muertas” sin cobertura, donde desplegar infraestructura terrestre simplemente no sale a cuenta.
Ahí es donde Musk quiere convertir al Starlink Phone en la única barra de señal que aparece cuando todo lo demás marca “Sin servicio”.
Lo que se sabe del supuesto Starlink Phone
Aunque el dispositivo todavía no se ha presentado de forma oficial, el plan técnico que se perfila tiene varios puntos clave:
El hardware estaría optimizado para cobertura y autonomía, con una antena integrada de alta sensibilidad capaz de captar señales débiles desde órbita baja y compensar el efecto Doppler del movimiento de los satélites.
A nivel de conectividad, la prioridad sería arrancar con servicios básicos como mensajería de texto y datos limitados, para luego ir habilitando llamadas de voz y navegación más completa conforme maduren la red y los acuerdos comerciales.
En cuanto a velocidad, nadie promete milagros: hablamos de un rendimiento similar a redes 3G o 4G modestas, suficiente para comunicación esencial, mensajería, mapas y tareas críticas, más que para maratones de streaming en 4K.
Pero precisamente ahí está la gracia: no se trata de ser el móvil más rápido, sino el móvil que funciona donde los demás ni siquiera encienden la antena.
Otro punto interesante es la integración de inteligencia artificial de bajo consumo, orientada a gestionar mejor la red y la batería. La idea es que el propio teléfono “piense” cuándo y cómo conectarse al satélite para ahorrar energía, priorizar mensajes importantes y optimizar la señal según la ubicación.
En cuanto al precio, las estimaciones lo sitúan alrededor de los 300 dólares, una cifra alineada con el hardware de Starlink para internet fijo. No sería un gama alta de lujo, sino un dispositivo funcional, pensado como puerta de entrada al ecosistema satelital de la compañía.
Lanzamiento, estrategia y el impacto fuera de Estados Unidos
El aterrizaje del Starlink Phone en el mercado no depende solo de la ingeniería, sino de algo mucho menos glamuroso: la regulación del espectro radioeléctrico.
En Estados Unidos, SpaceX ya prueba la tecnología “direct to cell” mediante un acuerdo con T-Mobile, con un esquema de suscripción que ronda los 10 dólares mensuales.
Fuera de ese mercado, la expansión se proyecta entre 2026 y 2027, siempre y cuando cada país autorice el uso de las frecuencias necesarias.
La jugada no es menor: si Starlink controla tanto la infraestructura satelital como el dispositivo final, pasa de ser un proveedor más a convertirse en un operador global paralelo a las telecos tradicionales.
En países como Argentina, donde Starlink ya suma más de 490.000 accesos satelitales activos impulsados por la demanda en zonas rurales, mineras y productivas, un teléfono de este tipo podría cambiar por completo el mapa de conectividad.
Sectores que hoy dependen de enlaces precarios o carísimos tendrían, en teoría, una opción directa y relativamente asequible para mantenerse conectados desde cualquier punto del mapa.

¿Revolución o nicho muy caro (por ahora)?
El Starlink Phone, si se concreta tal como se describe, no vendría a reemplazar a los smartphones actuales, sino a ocupar un espacio que nadie está cubriendo bien: el de la conectividad esencial en lugares remotos.
Quedan muchas incógnitas por resolver:
- Cómo reaccionarán las operadoras tradicionales ante un actor que “salta” sus redes.
- Qué tan estable será la experiencia en movilidad real, no solo en demos controladas.
- Y, sobre todo, si el precio final del dispositivo y la suscripción será competitivo fuera de Estados Unidos.
Lo que sí parece claro es que Starlink ya no se conforma con vender antenas para el techo de la casa. Quiere meterse en el bolsillo del usuario, literalmente, con un smartphone que hable directo con el espacio y convierta al satélite en la nueva antena de toda la vida.
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Si lo logra, no solo cambiará la forma en la que nos conectamos en medio de la nada: también reordenará la partida en la industria de las telecomunicaciones.
