En un país donde la tecnología y la tradición conviven sin fricciones, el templo Kodai-ji en Kioto ha presentado una versión avanzada de su clérigo robótico.
Se trata de un androide diseñado para impartir enseñanzas basadas en las escrituras budistas, con el objetivo de acercar la religión a las generaciones más jóvenes que se sienten desconectadas de los rituales convencionales.

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Este “sacerdote de silicio” no solo recita textos, sino que ha sido entrenado mediante modelos de lenguaje avanzados para ofrecer consuelo y sabiduría de manera personalizada.
La IA como vehículo para el Nirvana
El robot, denominado “Mindar”, posee una estética que mezcla el realismo humano en su rostro y manos con una estructura mecánica visible en el resto del cuerpo, una decisión de diseño deliberada para recordar que es un puente entre lo humano y lo eterno. A diferencia de un monje de carne y hueso, este sistema puede procesar y analizar miles de sutras en milisegundos, respondiendo a dudas existenciales con una precisión técnica basada en la doctrina budista.

Los responsables del templo argumentan que, mientras los humanos estamos limitados por el tiempo y la interpretación personal, una inteligencia artificial puede preservar las enseñanzas puras indefinidamente. “Un robot nunca muere; simplemente se actualiza”, señalan los impulsores del proyecto, subrayando que la esencia del budismo —la liberación del sufrimiento— puede ser comunicada por cualquier medio, incluso uno sintético.
Ética y el futuro de la espiritualidad robótica
La aparición de sacerdotes robóticos en este 2026 abre un debate ético profundo en Occidente, aunque en Japón la recepción es más pragmática.
El cuestionamiento central es si una máquina, desprovista de alma o “conciencia” en el sentido biológico, puede realmente guiar a una persona en su camino espiritual. Sin embargo, para los visitantes del templo Kodai-ji, la capacidad del robot para escuchar sin juzgar y ofrecer palabras de calma está resultando ser una herramienta de salud mental y acompañamiento sumamente efectiva.
Si la IA ya gestiona nuestras finanzas, nuestra salud y nuestro trabajo, era solo cuestión de tiempo para que reclamara un espacio en el altar de lo sagrado.
