La narrativa sobre el desplazamiento laboral por la inteligencia artificial ha dado un giro inesperado de la mano de uno de sus principales impulsores. Sam Altman ha declarado abiertamente que muchas de las reducciones de plantilla que se están viendo en 2026 no tienen una base tecnológica real, sino que son casos de “AI Washing”.
Altman sostiene que las organizaciones están aprovechando el “hype” y el miedo que rodea a la IA para encubrir decisiones de gestión deficientes o recortes presupuestarios, culpando a la automatización de despidos que habrían ocurrido de todos modos debido a la inestabilidad económica o la saturación de ciertos sectores del mercado.

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El fenómeno del “AI Washing” y la manipulación de la narrativa
El término “AI Washing” se refiere a la práctica de inflar o inventar el papel de la inteligencia artificial en las operaciones de una empresa, ya sea para atraer inversores o, en este caso, para externalizar la responsabilidad ética de un despido masivo.
Altman advierte que culpar a un algoritmo de la eliminación de puestos de trabajo es una salida fácil para los ejecutivos que prefieren evitar el escrutinio sobre su propia administración. Esta táctica no solo desinforma al público sobre las capacidades reales de la IA en su estado actual, sino que crea un estigma injustificado sobre la tecnología, sugiriendo que es mucho más destructiva para el empleo de lo que los datos de productividad realmente demuestran en este primer trimestre de 2026.

La realidad técnica es que, aunque la IA está optimizando procesos, todavía estamos lejos de una sustitución total de funciones complejas en la mayoría de las industrias. Al utilizar la IA como excusa, las empresas evitan dar explicaciones sobre la caída en sus márgenes de beneficio o el fracaso de sus estrategias de expansión post-pandemia.
Para Altman, esta falta de transparencia es peligrosa porque distorsiona el debate sobre la regulación de la IA; si los gobiernos creen que la tecnología está destruyendo empleos a un ritmo que en realidad es artificialmente inflado por las empresas para limpiar sus balances, las leyes resultantes podrían asfixiar la innovación basándose en una premisa falsa.
La productividad real frente a la conveniencia corporativa
El análisis de OpenAI sugiere que la inteligencia artificial debe ser vista como una herramienta de aumento de capacidades y no como un reemplazo directo de la masa salarial. Los datos de 2026 muestran que las empresas que realmente han integrado la IA con éxito están contratando perfiles especializados o reubicando a su personal en tareas de mayor valor añadido, en lugar de simplemente eliminar plazas.
El “AI Washing” denunciado por Altman desenmascara a las compañías que, lejos de ser innovadoras, están estancadas y utilizan la narrativa del progreso tecnológico para disfrazar su retroceso financiero, proyectando una imagen de “eficiencia algorítmica” que en muchos casos ni siquiera existe en sus sistemas internos.

Esta denuncia de Sam Altman marca un punto de inflexión en la relación entre Silicon Valley y el sector corporativo tradicional. Al señalar que la IA no es la culpable de todas las crisis laborales actuales, el CEO de OpenAI intenta proteger la reputación de su industria frente a un clima de opinión pública cada vez más hostil.
Para los trabajadores, la lección es clara: no todos los recortes anunciados bajo la bandera de la “modernización por IA” son lo que parecen. En un entorno donde la desinformación corporativa es una herramienta de relaciones públicas, identificar el “AI Washing” se vuelve esencial para entender quién está realmente innovando y quién solo está usando el software más avanzado del mundo como un escudo para sus propios errores de gestión.
