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¿Por qué los animadores siguen siendo irremplazables en el anime, frente a la llegada de la IA?

Los videos de “anime hecho con IA” se viralizan cada semana y muchos ya hablan del fin de los animadores humanos.

Una Inteligencia Artificial ha imaginado a Harry Potter como un animé y los resultados están cargados de nostalgia.
Imagen: archivo | Una Inteligencia Artificial ha imaginado a Harry Potter como un animé y los resultados están cargados de nostalgia.

La moda del “anime por IA” y el miedo a ser reemplazados

En los últimos meses, clips generados con herramientas como Seedance 2.0 se han esparcido por redes sociales a una velocidad absurda. Personajes hiperdetallados, cámaras imposibles, colores espectaculares… y el comentario inevitable: “esto se ve mejor que muchos estudios de anime”.

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Esa sensación ha encendido un debate que ya venía cocinándose:¿llegará el día en que un estudio pueda prescindir de animadores y dejar todo en manos de la IA?

La respuesta más honesta, al menos por ahora, es sencilla: no. Y no porque la tecnología no haya avanzado, sino porque sigue chocando una y otra vez con algo que el anime domina desde hace décadas: la coherencia visual, la intención y la sensibilidad humana.


Cuando la animación de IA se rompe a los dos segundos

A primera vista, muchos videos generados por IA parecen impresionantes. Pero basta verlos más de una vez para que empiecen a aparecer todas las costuras:

Las caras cambian de diseño de un plano a otro, los ojos se deforman, los peinados se transforman sin motivo. Los estilos de dibujo saltan como si fueran escenas de series distintas pegadas a la fuerza.

En escenas largas, la IA tiene dificultades para mantener ángulos de cámara naturales: de pronto la perspectiva se rompe, las proporciones fallan o el fondo parece moverse sin relación con los personajes.

También abundan los movimientos físicamente imposibles: giros extraños, contorsiones que ningún cuerpo podría ejecutar, pasos que “patinan” sobre el suelo o manos que aparecen y desaparecen.

El resultado es esa sensación incómoda de que todo se ve “cool”, pero nada termina de encajar. En una producción profesional, estos errores serían inaceptables en cada revisión de animación; con IA, aún son la norma.

La IA copia; el animador crea

La razón de fondo está en cómo trabaja la inteligencia artificial. Cuando alguien le pide a un modelo que genere a Goku, este no “imagina” nada: rastrea miles de dibujos, frames y fanarts del personaje, aprende sus rasgos y los recompone. Por eso puede replicarlo con tanta fidelidad.

El problema aparece cuando se le pide algo menos común: un personaje secundario con poco material, una fusión con pocas apariciones animadas o directamente alguien nuevo. En esos casos, la IA empieza a improvisar con lo que tiene.

Se han visto ejemplos claros con luchadores como Vegetto o Gogeta:sus diseños se vuelven inconsistentes, cambian de proporciones sin razón o terminan pareciéndose sospechosamente a Goku. El modelo no entiende quiénes son; solo mezcla rasgos que “le suenan”.

Un animador humano también usa referencias, claro. Pero además tiene algo que la IA no posee: una intención clara, una imagen mental concreta y la capacidad de decidir qué dibujar y qué no. No se limita a promediar datos; elige. Y en esa elección está el estilo, la personalidad y, en el caso del anime, buena parte de su magia.

El peso de la ética y del nombre del animador

En Japón, el animador no es solo “el que hace dibujitos”: es una figura respetada, casi una firma de autor. Hay fans que siguen un anime únicamente porque lo dirige cierta persona o porque en el staff aparece un nombre concreto en la animación clave.

El anime se vive como un trabajo humano, con esfuerzo, aprendizaje, errores y evolución. Por eso, muchas cuentas que impulsan la IA en animación son vistas con recelo: su discurso suele borrar al individuo, como si el objetivo final fuera que una máquina sustituyera por completo al artista.

Para buena parte del fandom, esa idea es incompatible con lo que entienden como anime. No es solo un tema técnico, sino ético y cultural.

“Twins Hinahima”: el primer “anime de IA” que nadie quiso ver

El caso de “Twins Hinahima”, emitido a inicios de 2025 como el primer anime realizado casi íntegramente con IA, es el mejor ejemplo de este choque. El proyecto se presentó como un episodio único de poco más de 20 minutos y prometía ser el futuro de la animación.

La realidad fue bastante menos gloriosa. La recepción del público fue fría tirando a hostil. En MyAnimeList ronda una nota de 5 sobre 10 con más de 1.800 valoraciones, una puntuación que sitúa al título en la parte baja del catálogo. Peor aún: el interés fue mínimo tanto en su estreno como después.

En AniList ni siquiera se le llegó a dar ficha. Uno de los responsables de la plataforma lo dejó claro:no hay interés en listar anime generado por IA cuando más del 95% del trabajo no proviene de humanos, del mismo modo que no se listan producciones hechas prácticamente por completo fuera de Japón con apenas retoques finales en el país.

El mensaje implícito es contundente: para buena parte de la comunidad, un “anime” sin animadores no es anime.

El futuro: herramientas, sí; reemplazo total, no

La IA ya está entrando en los estudios: como apoyo, para inbetween, correcciones puntuales, rotoscopia o limpieza de frames. Pero de ahí a sustituir a directores, storyboarders, animadores clave y supervisores de animación hay un abismo inmenso.

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Mientras el público siga valorando nombres, estilos y decisiones creativas específicas, los animadores seguirán siendo irremplazables. La IA puede ser una herramienta poderosa, pero el anime, tal como se conoce hoy, sigue siendo un lenguaje creado por personas para emocionar a personas.

Y eso, al menos por ahora, no se puede automatizar.

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