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Después de 30 años, Windows 11 recuperó una función olvidada de Windows 95

La barra de tareas de Windows lleva décadas siendo el “punto de control” del sistema, pero con Windows 11 perdió algo clave: su libertad.

Windows 10 a Windows 11 / Whisk-FW
Windows 10 a Windows 11 / Whisk-FW

Durante años, una de las grandes virtudes de Windows fue algo tan simple como poder mover y redimensionar la barra de tareas. Desde Windows 95, los usuarios estaban acostumbrados a llevarla a la parte superior o a los laterales, e incluso ajustar su tamaño para ganar espacio o visibilidad.

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Todo eso desapareció con Windows 11. Al reconstruir la barra desde cero, Microsoft decidió dejarla fija abajo, sin opción de moverla ni cambiar su altura. Para una compañía que siempre presumió de dar “control total” al usuario, fue un recorte difícil de tragar.

Cinco años después, en pleno 2026, en Redmond parecen haberse dado cuenta de que romper una costumbre de 30 años no era la mejor idea.


Fuentes internas señalan que el equipo de Windows ha marcado como “prioridad alta” el regreso de esta función olvidada, lo que se interpreta como un giro hacia algo que muchos llevaban tiempo pidiendo: escuchar al usuario de toda la vida.

La barra de tareas, rehén del “nuevo Windows”

El origen del problema está en una decisión técnica que se vendió como modernización: la barra de tareas de Windows 11 se reescribió desde cero. Nuevo código, nuevo diseño… y menos opciones.

Cuando el sistema se lanzó en 2021, las quejas fueron inmediatas. Usuarios que llevaban décadas usando la barra en la parte superior, o que aprovechaban monitores panorámicos poniendo la barra a un lado, se encontraron atrapados en una única configuración.

Durante años, la única forma de recuperar algo de esa flexibilidad fue instalar parches externos y herramientas de terceros que “forzaban” al sistema a comportarse como antes.

El mensaje era claro:si miles de personas prefieren “hackear” el sistema antes que usarlo como viene de fábrica, algo no está bien diseñado.

Ahora, con el regreso de la barra movible y redimensionable previsto para este verano, Microsoft parece estar aceptando que no todo lo “viejo” es prescindible. Algunas funciones clásicas siguen siendo parte de la identidad de Windows.

Windows 95
Windows 95

El otro fantasma: millones que no quieren dejar Windows 10

Mientras tanto, en febrero de 2026, Microsoft enfrenta otro problema igual de serio: una legión de usuarios que se niega a abandonar Windows 10, pese a que el soporte oficial terminó en octubre de 2025.

La cuota de mercado de la versión anterior sigue siendo demasiado alta para lo que la compañía desearía. Y no es solo por costumbre: muchos ven Windows 10 como un sistema más estable, menos intrusivo y sin tantos cambios discutibles en la interfaz.

Si Microsoft de verdad quiere que el salto a Windows 11 —o al futuro Windows 12— sea masivo, tiene una asignatura pendiente muy básica: dejar de quitar lo que funciona y dejar de romper cosas con cada actualización importante.

Menos Copilot, más sentido común

En los últimos años, la empresa ha estado obsesionada con empujar la inteligencia artificial de Copilot en todos los rincones del sistema, a menudo a costa de descuidar los fundamentos: estabilidad, fiabilidad y respeto por el flujo de trabajo del usuario.

El primer Patch Tuesday de 2026 es un buen ejemplo de esta tensión. La actualización buscaba corregir más de 100 vulnerabilidades críticas, algunas ya explotadas en ataques reales. En teoría, una prioridad absoluta.

En la práctica, llegó acompañada de un carrusel de problemas: fondos de pantalla que desaparecen, Outlook que se niega a abrir, PCs que se reinician en vez de apagarse y aplicaciones básicas como Bloc de notas o Recortes mostrando errores como el famoso 0x803f8001.

La sensación general es clara: de nada sirve presumir de la IA más avanzada del mundo si el sistema se siente como una beta permanente.

Volver a lo que hacía grande a Windows

El regreso de una función tan básica como mover y redimensionar la barra de tareas puede parecer un detalle menor, pero es algo más profundo: es una señal de que Microsoft vuelve a mirar a su base de usuarios de siempre.

Recuperar herramientas que daban flexibilidad, reducir los quebraderos de cabeza con las actualizaciones y priorizar que el sistema “simplemente funcione” son pasos clave para reconstruir la confianza perdida.

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Si Windows 11 quiere dejar de ser “el sistema al que hay que acostumbrarse” y convertirse en el Windows que la gente elige, gestos como este eran imprescindibles. A veces, la verdadera innovación está en recordar por qué algo funcionó bien durante 30 años… y no volver a romperlo.

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