La industria de los semiconductores ha entrado en una fase de transformación irreversible. Según las proyecciones de analistas de la industria recogidas por HardZone, la escasez y los altos costos de la memoria RAM no se limitarán a un evento cíclico, sino que se extenderán al menos hasta el año 2030.
La causa principal es la demanda insaciable de memoria HBM (High Bandwidth Memory) por parte de los gigantes de la Inteligencia Artificial, lo que obliga a los fabricantes a sacrificar las líneas de producción de memorias DDR5 y LPDDR5 destinadas a PC y smartphones para priorizar los chips que impulsan los centros de datos.

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La prioridad del silicio: Servidores sobre consumidores
El núcleo del problema reside en el margen de beneficio. Fabricar memoria para una GPU de IA genera ingresos significativamente mayores que producir módulos para una computadora doméstica.
Como resultado, empresas líderes como Samsung y SK Hynix han reestructurado sus plantas para que la mayor parte de su capacidad de oblea se destine a la arquitectura HBM. Esta escasez de oferta “de consumo” garantiza que los precios de la memoria RAM para el usuario final no regresen a los niveles de 2023 en el corto o mediano plazo.

Para 2030, se espera que la IA no solo consuma la mayoría de los chips producidos, sino que también dicte los estándares de diseño. Esto significa que las futuras memorias para PC podrían volverse más complejas y costosas de fabricar al intentar heredar características de velocidad de la memoria de servidor, eliminando definitivamente la posibilidad de encontrar hardware “barato” en el mercado minorista. La brecha entre la demanda proyectada y la capacidad de construcción de nuevas fábricas sugiere que el déficit de suministro será la nueva norma.
El fin del ciclo de actualización anual
Este escenario plantea un cambio de paradigma para los consumidores. Con la memoria RAM consolidada como un componente de lujo, el ciclo de renovación de computadoras se está ralentizando. Los usuarios ya no buscan actualizar sus equipos cada dos o tres años, sino que invierten en configuraciones de alta capacidad desde el inicio para que duren el máximo tiempo posible.

A largo plazo, esta crisis podría forzar a la industria a depender más de la memoria soldada en placa o de soluciones de software que optimicen el uso de los recursos existentes. Para finales de la década, tener 64 GB o 128 GB de RAM en una PC de oficina podría ser un estándar técnico necesario para correr sistemas operativos basados íntegramente en IA, pero a un costo que triplicará los valores actuales.
