La dependencia de las herramientas digitales ha llegado a un punto de inflexión psicológica. Según revela un extenso estudio de la Universidad de Harvard, difundido por Infobae este 18 de febrero de 2026, una parte significativa de la Generación Z ha comenzado a manifestar un temor profundo: volverse “menos inteligentes” debido al uso constante de la Inteligencia Artificial Generativa.
Lo que comenzó como una herramienta para optimizar tareas se ha transformado en una “muleta cognitiva” que, según los investigadores, está atrofiando procesos críticos como la resolución de problemas, el pensamiento lateral y la retención de información a largo plazo.

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La paradoja de la eficiencia: ¿Menos esfuerzo, menos neuronas?
El núcleo de la investigación de Harvard reside en la plasticidad cerebral y el principio de “úsalo o piérdelo”. Los académicos señalan que, al delegar tareas intelectuales complejas —como la redacción de ensayos, el análisis de datos o la programación de código— a modelos de IA, el cerebro deja de ejercitar las conexiones sinápticas necesarias para estas funciones.
Los jóvenes encuestados admiten que su capacidad para concentrarse en textos largos o realizar cálculos mentales ha disminuido drásticamente desde la adopción masiva de asistentes virtuales en 2023 y 2024.

Esta “ansiedad cognitiva” no es infundada. Los investigadores de Harvard comparan este fenómeno con lo que ocurrió tras la llegada del GPS, que redujo la capacidad de orientación espacial en gran parte de la población.
Sin embargo, en el caso de la IA, el impacto es sistémico, afectando la capacidad crítica. El estudio advierte que la Generación Z es consciente de que está externalizando su inteligencia, lo que genera una crisis de identidad: si una máquina puede pensar más rápido y mejor que ellos, ¿cuál es su valor real en el mercado laboral y social de 2026?
El auge del “Minimalismo Digital” y la desconexión selectiva
Ante este panorama, el estudio también identifica una tendencia reactiva entre los jóvenes. Para contrarrestar el temor a la pérdida de facultades mentales, se observa un crecimiento en prácticas de “entrenamiento analógico”.
Según datos de The Lancet Digital Health citados en el contexto del estudio, ha habido un repunte en el uso de agendas físicas, lectura de libros impresos y juegos de estrategia que prohíben el uso de dispositivos.

Los expertos concluyen que la solución no es prohibir la IA, sino fomentar una “higiene cognitiva” donde se defina qué procesos deben seguir siendo humanos para preservar la agilidad mental. La tecnología debe ser un potenciador, no un reemplazo.
La verdadera inteligencia del futuro no residirá en saber usar la IA, sino en mantener la capacidad de cuestionar y validar los resultados que esta entrega, un músculo crítico que hoy corre el riesgo de atrofiarse.
