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¿La IA podría reemplazar a los traductores de libros? Una editorial ya está usándola

Una editorial romántica encendió un debate muy poco romántico: usar inteligencia artificial para traducir novelas que antes pasaban sí o sí por manos humanas.

Amenazó con matar a una mujer al robar una librería y varias de ellas le dieron una golpiza
Amenazó con matar a una mujer al robar una librería y varias de ellas le dieron una golpiza. (Yellow Dog Productions/Getty Images)

El sueño (o pesadilla, según a quién se le pregunte) de que la IA traduzca libros de forma masiva dejó de ser teoría. ¿La IA podría reemplazar a los traductores de libros? Una editorial ya está usándola, y el experimento no viene de una startup agresiva, sino de Harlequin France, que decidió probar con una empresa de traducción automática llamada Fluent Planet.

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Desde entonces, el sector vive entre la indignación, la resignación y los correos preguntando “¿y cuánto cuesta si lo hace también la máquina?”.

Cuando la novela rosa se cruza con el aprendizaje automático

Harlequin France, responsable de títulos como Médecins et Célibataires o Passion Pour un Inconnu, confirmó que empezaría a trabajar con Fluent Planet, compañía que combina traducción automática con supervisión humana para abaratar y acelerar el proceso.


La reacción fue inmediata:traductores organizados calificaron la decisión de “inaceptable” y se lamentaron públicamente por el recorte de colaboradores. En foros y redes, muchos profesionales describieron la noticia como “triste pero previsible”.

Lo curioso es que, al mismo tiempo, otras editoriales empezaron a contactar a Fluent Planet para pedir presupuestos similares. Mientras unos denunciaban la automatización, otros preguntaban si podían subirse al mismo tren.

Thierry Tavakelian, fundador de la empresa, lo resumió sin rodeos: la demanda de traducción asistida por IA “está aumentando con mucha rapidez”. Y Harlequin no es un caso aislado, sino un síntoma.

La nueva librería del Fondo de Cultura Económica en Celaya fue concebida como un espacio vivo, articulado a bibliotecas y actividades comunitarias.
Libros. La nueva librería del Fondo de Cultura Económica en Celaya fue concebida como un espacio vivo, articulado a bibliotecas y actividades comunitarias.

El trabajo de traducir, entre la alarma y los matices

La Unión Europea, con sus 27 países y un montón de idiomas oficiales, es uno de los grandes epicentros mundiales de la traducción. No es casualidad que el debate haya explotado allí.

Los modelos de IA han mejorado mucho, sobre todo en pares de lenguas “populares” como inglés–francés. Esto alimenta pronósticos apocalípticos, como el del político alemán Friedrich Merz, que aseguró que “un día, gracias a la inteligencia artificial, ya no se necesitarán intérpretes”.

Pero especialistas del sector rebajan el drama. Analistas como Anna Wyndham, de Slator, recuerdan que la presión es real, pero no significa que la profesión se esté hundiendo. Los datos lo respaldan parcialmente:

  • El empleo en traducción e interpretación en la UE ha seguido creciendo en la última década.
  • Sin embargo, empiezan a aparecer señales preocupantes sobre la calidad y estabilidad de esos trabajos.

Encuestas recientes en Reino Unido señalan que más de un tercio de los traductores ha perdido encargos por culpa de la IA.

Un estudio más amplio a nivel europeo recoge el miedo generalizado a que se use tecnología lingüística de forma “indiscriminada” para recortar costes y minimizar el trabajo humano.

Para traductores jóvenes como Apolline Descy, de 26 años, con máster y pocas oportunidades en Bruselas, el panorama se siente “un poco deprimente”.

Muchos colegas han terminado dando clases de idiomas o regresando a estudiar, pese a que durante años se les aseguró que “siempre habría trabajo en traducción”.

La disrupción ya empezó, pero no es el apocalipsis todavía

A diferencia de otros sectores que recién están descubriendo la IA, la traducción lleva casi dos décadas conviviendo con ella.

  • Google Translate apareció en 2006 y dio un salto enorme en 2016 con modelos neuronales.
  • La pandemia empujó a empresas y organismos a buscar soluciones más baratas, impulsando todavía más la adopción de sistemas automáticos.
  • Herramientas recientes han mejorado los subtítulos en tiempo real y, en algunos casos concretos, las traducciones automáticas en pares de idiomas comunes rivalizan en precisión con las humanas en tareas sencillas, según el fundador de DeepL, Jarek Kutylowski.

Aun así, incluso defensores de la IA reconocen que no hay tolerancia social para errores graves en contextos delicados. Nadie quiere que un tratado internacional, una sentencia judicial o una novela literaria compleja dependan por completo de un sistema que aún puede fallar de forma poco predecible.

Por eso, la mayoría de expertos ve un futuro híbrido:la IA como motor de borradores y traducciones rutinarias, y humanos a cargo de proyectos de alto riesgo, estilo y matiz, como la traducción gubernamental, literaria o jurídica.

La propia Unión Europea funciona como ejemplo: adoptó herramientas de IA para agilizar procesos, pero su personal lingüístico no ha desaparecido. Los equipos son más pequeños, sí, pero siguen siendo indispensables para pulir matices, evitar ambigüedades y asumir la responsabilidad final.

El traductor belga Guillaume Deneufbourg lo resume bien: hay ansiedad, hay presión, pero “por ahora la situación no es catastrófica”. El terremoto está en marcha, pero el edificio aún no se ha caído.

Archivo - Libros en la biblioteca Pedro Salinas (Madrid) EUROPA PRESS - Archivo (EUROPA PRESS/Europa Press)

¿Y el futuro de los traductores de libros?

La experiencia de Harlequin France sugiere que cada vez más editoriales probarán con esquemas de IA + revisión humana, sobre todo en géneros comerciales donde la velocidad y el volumen pesan mucho.

Eso no significa que todos los traductores literarios vayan a ser reemplazados, pero sí que:

  • los proyectos mal pagados y de plazos imposibles se automatizarán primero;
  • los perfiles junior tendrán más dificultades para entrar;
  • y el valor del traductor estará cada vez más ligado a su capacidad de edición, criterio y estilo, no solo a su rapidez tecleando.

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En otras palabras, la pregunta deja de ser si la IA podrá traducir un libro, porque en muchos casos ya puede. La cuestión de fondo es quién revisa, quién firma y qué tipo de libros se van a seguir confiando únicamente al juicio humano.

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