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Spotify ya adoptó la IA para sus procesos de programación

La plataforma de audio más grande del mundo ya no depende tanto de ingenieros picando código línea por línea.

Spotify presentó problemas para abrir la aplicación y reproducir música en todo el mundo
Spotify logo Spotify presentó problemas para abrir la aplicación y reproducir música en todo el mundo (Patrick Semansky/AP)

Durante años, Spotify fue sinónimo de algoritmos para descubrir música; ahora también lo es para escribir código. La empresa ha reconocido que sus desarrolladores más brillantes llevan meses sin programar “a la antigua”, porque buena parte de la lógica del servicio se construye mediante sistemas internos de IA capaces de corregir errores, añadir funciones y desplegar cambios usando solo lenguaje natural.

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En otras palabras: Spotify ya adoptó la IA para sus procesos de programación y está reescribiendo, literalmente, el rol del programador en la industria del streaming.

De pedir playlists a pedir features

Lo que comenzó como un experimento amable —generar listas de reproducción con una simple frase— ha evolucionado en una infraestructura de desarrollo completa.


Según lo recogido por TechCrunch, Spotify utiliza una herramienta interna que permite modificar el software hablando con la IA casi como si fuera un compañero de equipo. Un empleado puede describir un fallo, solicitar una nueva función o ajustar un flujo desde el móvil mientras va de camino al trabajo, y el sistema se encarga del resto: escribe el código necesario, lo integra, lo despliega y supervisa el impacto.

La empresa afirma que este enfoque ha sido clave para lanzar más de 50 novedades importantes en el último año, desde cambios en la interfaz hasta nuevas formas de descubrir contenido. El truco no está solo en la IA, sino en la forma de trabajar: el modelo deja de ser una “herramienta curiosa” y pasa a convertirse en el motor invisible de la evolución de la plataforma.

El fin del programador “clásico” dentro del streaming

Spotify no está sola en este cambio, pero ha decidido abrazarlo sin medias tintas.

En un contexto donde modelos como GPT-5.3 Codex o soluciones similares ya pueden ayudarse a sí mismos a programar con una precisión notable, la compañía se sitúa dentro de una tendencia clara: el desarrollador deja de ser el que teclea todo y pasa a ser quien guía, revisa y corrige lo que genera la IA.

La descripción del puesto cambia: menos tiempo en detalles sintácticos, más en decisiones de arquitectura, diseño de producto y validación. En lugar de perder horas rastreando un bug, la persona responsable puede formular la incidencia en lenguaje claro y dejar que el sistema proponga el parche.

Para la industria del streaming, donde la competencia es feroz y los cambios se miden en semanas, esta automatización reduce fricciones y acelera el ritmo de experimentación. Lo que antes requería ciclos largos de desarrollo y pruebas, ahora puede iterarse casi en tiempo real.

Spotify Spotify (Daniel Sambraus/Getty Images)

El código se vuelve invisible (pero no menos crítico)

Spotify ya utilizaba modelos de IA para tareas como recomendación musical, generación de mixes personalizados o detección de patrones de escucha. La novedad es que ahora esa misma lógica se extiende a la infraestructura básica de la app.

La compañía toma ventaja de algo que casi nadie más tiene: una base de datos gigantesca de comportamiento de usuario y de uso interno de sus herramientas, con la que entrena modelos propios para que sus respuestas sean cada vez más ajustadas a la realidad del producto.

La meta es clara:

  • que la IA gestione la parte más tediosa y repetitiva del desarrollo,
  • que los equipos humanos se concentren en lo que es difícil de automatizar: visión, estrategia, experiencia de usuario.

El resultado es un futuro en el que escribir código manualmente seguirá existiendo, pero se volverá algo residual en comparación con la supervisión y el diseño de sistemas impulsados por modelos generativos.

Spotify presenta este cambio como una ventaja competitiva: la aplicación puede evolucionar a gran velocidad sin arrastrar el freno de la programación convencional.

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Queda la gran pregunta abierta para el resto de la industria: si uno de los gigantes del audio ya ha abrazado este modelo de “código invisible”, ¿cuánto tardarán otras plataformas en seguir el mismo camino… o en quedarse atrás por no hacerlo?

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