La promesa de una jornada laboral más corta gracias a la automatización parece estar chocando con la realidad del mercado actual.
Según un revelador estudio de la Universidad de Harvard difundido por El Periodista, la integración masiva de la inteligencia artificial en las empresas no está disminuyendo la carga de tareas de los empleados; por el contrario, está generando una “intensificación del trabajo”.

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Los datos indican que, aunque la IA resuelve procesos mecánicos con rapidez, la presión por resultados inmediatos y la gestión del volumen de información generado por estas herramientas están llevando al capital humano a niveles de agotamiento superiores a la era pre-IA.
Productividad vs. Bienestar: La paradoja del 2026
El informe de Harvard destaca que la IA ha actuado como un catalizador de expectativas. Al reducir el tiempo necesario para redactar un informe o analizar datos, las empresas han respondido aumentando la cuota de producción esperada.
En esta época, los trabajadores se encuentran en un ciclo donde el tiempo “ahorrado” por la tecnología es inmediatamente ocupado por nuevas responsabilidades o por la supervisión de los propios sistemas algorítmicos. Esta dinámica ha creado una paradoja: la herramienta diseñada para liberar al humano está exigiendo que este trabaje a un ritmo acelerado para mantener la paridad con la velocidad del procesamiento digital.
Además, el estudio subraya el desgaste cognitivo derivado de la “multitarea asistida”. Los empleados ahora deben navegar entre múltiples interfaces de IA, verificar la veracidad de los resultados (ante el riesgo constante de alucinaciones del sistema) y adaptarse a cambios de flujo constantes.
Esta carga mental, sumada a la disponibilidad 24/7 que facilitan las herramientas de comunicación inteligente, está diluyendo las fronteras entre la vida personal y laboral, un tema que ya está bajo la lupa de los reguladores.
Hacia una nueva regulación del tiempo digital
Las conclusiones del estudio sugieren que la implementación de la IA sin una reestructuración de las metas organizacionales es una receta para el burnout. Harvard propone que las compañías deben transitar de medir la eficiencia por volumen a medirla por calidad y bienestar del empleado.
El desafío no es solo cómo usar la IA, sino cómo evitar que esta dicte un ritmo de vida insostenible para el trabajador. Los expertos advierten que, de no mediar un cambio en la cultura corporativa, la IA podría ser recordada no como la libertadora del trabajo tedioso, sino como el motor de una nueva era de hiperproductividad agotadora.
