xAI nació como el “comando especial” de Elon Musk para competir en la carrera por la IA general: doce expertos elegidos a dedo, una narrativa épica y mucho capital detrás. Pero a medida que se acercan los grandes planes financieros, el grupo se está desarmando.
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¿Una señal? Todos los cofundadores de xAI dejan la empresa y dejan a Elon Musk solo al mando, intentando salvar la estructura con una reorganización contrarreloj y una campaña de contratación masiva.
Una fuga de cerebros en el peor momento posible
Según los reportes, los investigadores Jimmy Ba y Tony Wu han sido los últimos en abandonar xAI, sumándose a salidas previas como las de Igor Babuschkin y Christian Szegedy.
Todos ellos formaban parte del núcleo original que daba legitimidad técnica al proyecto, y su marcha coloca a la compañía en una situación incómoda justo antes de su salida a bolsa.
La idea inicial era simple: un pequeño grupo de mentes brillantes trabajando a toda máquina para construir modelos capaces de plantar cara a OpenAI. Sin embargo, la realidad apunta a un clima interno mucho más tenso de lo que la empresa transmite hacia fuera.
La combinación de plazos agresivos, cultura de trabajo extremo y presión mediática ha terminado empujando a varios de estos perfiles a la puerta de salida.
Mientras tanto, xAI presume de músculo financiero. Fondos como BlackRock o incluso Microsoft habrían mostrado interés en impulsar el proyecto.
El problema es que el dinero puede comprar servidores y campañas, pero no siempre es suficiente para retener talento que no comparte la visión o el ritmo impuestos desde arriba.
Ritmos extremos, promesas gigantes y una estructura improvisada
La cultura de xAI está marcada por la obsesión de Musk con la llamada “singularidad tecnológica”: ese momento en el que la IA superará a la inteligencia humana. Bajo esa idea, el trabajo se plantea casi como una carrera contrarreloj.
El fundador lleva años anunciando que la IA superhumana está a la vuelta de la esquina, pero los resultados concretos no han llegado al ritmo prometido.
Ante la desbandada de cofundadores, la respuesta interna ha sido reorganizar la empresa en cuatro divisiones:una dedicada a Grok, otra a modelos de codificación, otra a generación de vídeo y una más centrada en agentes autónomos.
El objetivo es claro: compartimentar el trabajo, hacer la estructura más “manejable” y abrir la puerta a una contratación masiva que reemplace a los fundadores que se han marchado.
Sobre la mesa también aparece una idea que encaja perfectamente con el estilo Musk: integrar la IA de xAI con la infraestructura de SpaceX para crear centros de datos fuera de la Tierra.
Una propuesta llamativa, pero que llega en un momento en el que la empresa todavía pelea por estabilizar su base de talento en el planeta.

Reputación en jaque y una IA que genera más polémica que confianza
xAI no solo lucha contra los problemas internos, también arrastra una crisis de imagen. Grok, su modelo estrella, ha sido noticia por generar contenido polémico y por el uso que algunos usuarios hacen de la herramienta para difundir mensajes controvertidos.
Eso ha llevado a la empresa a enfrentarse a investigaciones en varios países, justo cuando intenta posicionarse como actor serio en el ecosistema de la IA.
La combinación de fuga de cerebros, presión regulatoria y promesas ambiciosas crea un cóctel delicado.
Mientras Musk insiste en que se trata de una evolución orgánica del proyecto, la salida de académicos de alto perfil sugiere una posible fricción entre la visión del fundador y la dirección científica que estos especialistas consideraban razonable.
Un futuro ambicioso… pero cada vez más solitario
El plan oficial de xAI sigue siendo competir en la carrera hacia la IA general, con Grok como punta de lanza. Sin embargo, hacerlo sin los arquitectos originales complica el camino.
La empresa confía en que la inyección de capital y la reorganización interna sirvan para atraer nuevos líderes capaces de seguir la hoja de ruta marcada desde arriba.
El reto ahora es doble: convencer al mercado de que la salida a bolsa no llega con un equipo fracturado y demostrar que Grok puede evolucionar al ritmo de OpenAI o Google sin los investigadores que diseñaron sus primeros cimientos.
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Si lo consigue, será un golpe de efecto. Si no, este episodio se verá con el tiempo como una señal temprana de que algo no iba bien dentro de xAI.
