Durante décadas, el teclado fue el “volante” de la vida digital: lo mismo servía para escribir un correo, cerrar una venta, aprobar una compra o pelearse con una hoja de cálculo que no coopera. Pero el tablero de control podría cambiar de forma radical si se cumple la predicción que lanzó Christian Klein.
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En su visión, la interacción con sistemas corporativos dejaría de depender de teclear campos y comandos, y pasaría a una lógica más parecida a conversar: pedir, preguntar, confirmar… y seguir. Suena cómodo. También suena a terremoto para los hábitos de trabajo.
La frase que encendió la conversación: “el fin del teclado está cerca”
En una entrevista con Fortune, Klein fue claro: “The end of the keyboard is near” (“el fin del teclado está cerca”).
Su argumento es que el salto en reconocimiento de voz que traen muchos modelos de lenguaje es “muy fuerte” y que el desafío ya no es tanto tecnológico, sino de ejecución: traducir esa voz a “lenguaje de negocio” y a datos que los sistemas entiendan sin romper procesos.
Dicho de otra forma: no se trata solo de dictar, sino de que la empresa pueda operar con ese dictado sin volverse un meme interno.
Cómo se vería un día sin teclado en la oficina
La idea que Klein describe apunta a algo simple: en vez de “meter datos”, el usuario haría solicitudes por voz. Por ejemplo: pedir que el sistema abra presentaciones, cruce millones de documentos del área financiera y devuelva conclusiones con gráficos listos para mostrar.
La gracia (y la provocación) es que, según este enfoque, podría hacerse sin grandes capacitaciones, porque la interfaz sería el lenguaje cotidiano.
Aquí aparece el verdadero cambio cultural: el trabajo dejaría de ser “llenar casillas” y pasaría a ser “hacer preguntas buenas”.

Lo que falta para que la profecía se cumpla
Klein reconoce que la capacidad base ya existe, pero que el obstáculo está en integrarla a la rutina. Y eso no es menor. En el mundo empresarial, “integrar” significa seguridad, permisos, auditoría, cumplimiento, y que el sistema no invente respuestas cuando lo que se necesita es precisión.
Por eso, aunque el titular grite “adiós, teclado”, la transición más realista sería gradual: primero, tareas repetitivas; luego, consultas analíticas; y recién después, flujos completos.
Bill Gates también lo ve venir: una interfaz distinta para otra era
La predicción de Klein conversa con otra idea que ha repetido Bill Gates en su carta de 2026: “De todas las cosas que los humanos han creado, la IA es la que más cambiará la sociedad”.
En ese texto, Gates plantea que la IA traerá beneficios enormes, pero también desafíos nuevos y distintos a innovaciones previas.
No hace falta que ambos coincidan en la fecha exacta para ver la dirección: si la IA se vuelve el “cerebro” de los sistemas, es lógico que la interfaz busque ser más humana. Y ahí la voz (o una mezcla de voz y texto) tiene todas las papeletas.
Entonces, ¿desaparece el teclado o solo cambia de rol?
La conclusión más sensata es menos dramática y más interesante: no es que el teclado muera mañana, sino que podría dejar de ser el protagonista.
Si la voz y los asistentes se vuelven confiables en tareas críticas, el teclado pasaría a ser una herramienta “de precisión”, usada cuando haga falta control fino, escritura larga o trabajo técnico.
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Y si en 2029 alguien sigue amando el “clic-clac” del teclado… siempre quedará el consuelo de que la nostalgia también es una interfaz.
