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¿Cómo fue que Steve Jobs vaticinó sobre la importancia del iPhone en la historia en la revista Playboy?

En 1985, Steve Jobs dio una de sus entrevistas más largas y reveladoras… en una revista que nadie asociaría con debates tecnológicos profundos.

Al igual que Jobs, puedes utilizar el poder de las palabras para inspirar, motivar y sacar lo mejor de quienes te rodean.
Steve Jobs Al igual que Jobs, puedes utilizar el poder de las palabras para inspirar, motivar y sacar lo mejor de quienes te rodean.

Si alguien quisiera inventar el lugar menos obvio para encontrar una predicción temprana del iPhone, probablemente escogería una entrevista larga, pausada y filosófica en una revista como Playboy. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió.

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A mediados de los 80, con el Macintosh recién lanzado y Apple viviendo tensiones internas, Jobs se sentó a hablar con el periodista David Sheff y terminó describiendo un futuro donde la computación personal sería, sobre todo, una herramienta de comunicación masiva.

No dijo “iPhone”, claro. Pero sí sembró el tipo de idea que, décadas después, se volvería cotidiana.


La entrevista que nadie vio venir

La conversación, realizada por David Sheff, se ha mantenido accesible en archivos y recopilaciones que conservan el texto completo.

El contexto es clave: era 1985, el Macintosh acababa de aterrizar, y Jobs —ya con fama de visionario y de carácter volcánico— estaba en un momento donde se mezclaban éxito, presión y conflicto corporativo.

La sorpresa no es solo el medio; es el tono. Lejos del “pitch” de lanzamiento, Jobs se permite reflexionar sobre creatividad, cultura empresarial y cómo la tecnología cambia la manera en que las personas piensan.

“El primer teléfono de nuestra industria”

Entre las frases que hoy suenan casi proféticas, hay una que destaca por su audacia: Jobs comparó al Macintosh con un teléfono. En su metáfora, la gracia no era “procesar datos”, sino permitir que la gente se comunicara de forma más rica.

En el texto aparece su idea de que el Macintosh era “el primer ‘teléfono’” de la industria. Y remata con otra imagen igual de potente: que el Macintosh dejaba “cantar”, no solo “hablar”, porque sumaba tipografías, dibujos e imágenes a la comunicación.

Dicho en simple: Jobs ya estaba defendiendo que el computador personal debía ser un medio expresivo y no una planilla glorificada. Esa visión, puesta en el carril correcto, termina pareciéndose mucho a lo que luego serían los smartphones.

La obsesión con las redes: el hogar conectado como destino

La otra pista grande de la entrevista es su insistencia en que el motivo más convincente para tener un computador en casa sería conectarlo a una red de comunicaciones. Esa frase se ha citado muchas veces porque, para 1985, internet era todavía un asunto minoritario fuera de círculos especializados.

Jobs hablaba de computadores conectados como si estuviera describiendo la vida diaria actual: compartir información, comunicarse, acceder a servicios, organizarse. No es un “spoiler” literal del iPhone, pero sí una intuición muy clara: la computación sería ubicua cuando estuviera conectada.

Steve Jobs en Playboy
Steve Jobs en Playboy

Educación, herramientas y la idea de que la tecnología moldea el pensamiento

La entrevista no se queda en hardware. Jobs también se mete con un tema que le obsesionaba: cómo las herramientas cambian a las personas. En distintas partes del texto, reflexiona sobre educación y sobre el pensamiento como una habilidad aprendida, no un atributo automático.

Lo interesante es cómo conecta eso con los computadores: para él, no eran solo máquinas útiles; eran instrumentos que podían elevar (o moldear) la calidad del pensamiento, especialmente cuando llegaban a manos de jóvenes.

En otras palabras, lo que hoy se discute con pantallas, atención y hábitos digitales, él ya lo olfateaba como fenómeno cultural… con 40 años de anticipación.

La verdadera “predicción” del iPhone no es un dispositivo: es un propósito

Visto desde 2026, el detalle fascinante no es intentar forzar un “Jobs predijo el iPhone” como si hubiese dibujado un plano secreto en 1985. Lo valioso es que ya estaba construyendo el argumento base:

  • que el computador debía ser personal y accesible,
  • que el uso central sería comunicarse,
  • que la conexión en red convertiría la tecnología en un electrodoméstico cotidiano,
  • y que el diseño debía permitir expresarse sin fricción.

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Ese combo es, básicamente, el manifiesto que luego hizo del smartphone el centro de la vida digital. Y sí, hay un toque irónico delicioso: una de las conversaciones más profundas sobre el futuro “conectado” de Apple ocurrió en el lugar menos asociado a futurismo tecnológico.

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