En internet, hay dos cosas inevitables: las discusiones por el asiento reclinable… y que Elon Musk convierta cualquier desacuerdo en un espectáculo de escala mundial. Esta vez, el escenario no fue una plataforma espacial ni una fábrica de autos: fue el cielo europeo.
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El disparador, según los reportes, fue tan cotidiano como moderno: Wi-Fi a bordo. Y, aun así, la historia terminó con una pregunta improbable flotando en X: “¿Debería comprar Ryanair?”
Un “no” a Starlink que terminó en guerra de egos
La chispa fue simple: Ryanair rechazó instalar Starlink en sus aviones. El CEO de la aerolínea, Michael O’Leary, argumentó que sumar antenas implica más peso y más resistencia aerodinámica, lo que se traduce en más gasto de combustible, especialmente en vuelos cortos (justo el terreno donde Ryanair vive y reina).
Reuters recogió que O’Leary habló de un “2%” de penalización por peso y drag, y que sus pasajeros no estarían dispuestos a pagar por Wi-Fi en un vuelo promedio de una hora.
Hasta ahí, una discusión típica entre “tecnología promete” y “operaciones aterrizan”. Pero el asunto escaló cuando Musk, desde su megáfono favorito, entró al intercambio. En los días siguientes, el cruce se volvió personal: insultos, pullas y respuestas que parecían pensadas para capturas de pantalla.

La encuesta viral: “¿Compro Ryanair y pongo a un Ryan al mando?”
La historia dio un giro aún más surrealista cuando Musk lanzó una encuesta en X preguntando si debería comprar Ryanair y “restaurar a Ryan como su legítimo gobernante”. Más de tres cuartos de casi 900.000 participantes votaron que sí, según The Guardian.
El detalle “nerd” (y divertido) es que el chiste juega con el nombre de la aerolínea y su fundador, Tony Ryan. Y el detalle “serio” es que Ryanair no es una tiendita de barrio: The Guardian la describe como la mayor aerolínea de Europa por pasajeros, y menciona una valoración cercana a €30.000 millones.
O’Leary, lejos de achicarse, respondió con estilo propio. Reuters contó que el directivo minimizó la idea de una compra y hasta sugirió que el ruido público les estaba ayudando: habló de un repunte de reservas de 2% a 3% tras la polémica.
Por qué esto no es (tan) fácil, aunque a Musk le encanten las compras sorpresa
Incluso si la encuesta fuera algo más que un show, hay un freno grande: las reglas europeas de propiedad y control de aerolíneas. Reuters señaló que O’Leary afirmó que Musk podría invertir, pero no tomar control, por restricciones de propiedad extranjera en aerolíneas de la UE.
Además, el desacuerdo original sigue siendo bastante terrenal: costos. O’Leary estimó que Starlink podría costar hasta 250 millones de dólares al año, incluyendo el extra de combustible.
En otras palabras: Ryanair no está diciendo “no” a internet; está diciendo “no” a pagar el internet como si fuera champaña en clase ejecutiva.
El subtexto tecnológico: Starlink sí despega… pero no con todos
Mientras Ryanair se planta, otras aerolíneas han avanzado con Starlink. Reuters mencionó acuerdos y movimientos de competidores que ven menos drag frente a alternativas.
Esto deja una lectura clara: no es una discusión sobre si la conectividad satelital funciona, sino sobre si cierra el Excel en un modelo ultra low-cost.
Y ahí está lo realmente interesante: la pelea pública es puro show, pero debajo late una verdad incómoda para muchas compañías. La tecnología puede ser espectacular… hasta que llega el cálculo por pasajero, por minuto y por kilo.
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Musk convirtió un rechazo a Starlink en un capítulo más de su saga de provocaciones en X. Ryanair, por su parte, se aferra a su religión: eficiencia y costos bajos. Y el resto del mundo mira el cruce pensando lo mismo: qué frágil es la línea entre una estrategia de producto y un meme internacional.
