Durante meses, la gran pregunta no era si la IA iba a monetizarse “mejor”, sino cuándo iba a empezar a hacerlo con la herramienta más masiva del momento. OpenAI ya había construido un modelo sólido de suscripciones, pero la realidad de la infraestructura es menos romántica: entrenar, operar y escalar un chatbot de este tamaño cuesta una fortuna.
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Así que la compañía dio el paso que muchos veían venir: publicidad, pero con reglas estrictas y un despliegue inicial limitado.
Quién verá anuncios y quién no
OpenAI informó que los anuncios se empezarán a probar “en las próximas semanas” con adultos con sesión iniciada en Estados Unidos que usen la versión gratuita o el plan ChatGPT Go. En cambio, los usuarios de Plus, Pro, Business y Enterprise quedarán fuera de esta prueba y no verán anuncios.
Además, la compañía dijo que no mostrará anuncios a menores de 18 años, una línea roja clara en su política para esta etapa inicial.
Dónde aparecerán y cómo funcionarán
La promesa de OpenAI es que la publicidad no se “mezclará” con la respuesta del chatbot. El plan es mostrar anuncios al final de las respuestas, claramente etiquetados y separados del contenido orgánico.
La idea, en simple: que se note que es un anuncio, que no parezca “una recomendación del modelo” y que el usuario tenga control (por ejemplo, poder descartarlo y saber por qué lo está viendo).
OpenAI también afirmó que la publicidad no influirá en los resultados de ChatGPT y que las conversaciones no se compartirán con anunciantes.
Y habrá filtros adicionales: la empresa planea bloquear anuncios en temas sensibles como salud y política (entre otros), para evitar el terreno más explosivo posible.
Por qué ahora: la factura de la IA y la presión por ingresos
Este movimiento es, en el fondo, una respuesta a la economía de la IA a gran escala.
Reuters señala que OpenAI enfrenta presión para aumentar ingresos mientras invierte fuertemente en centros de datos y se prepara para una OPI muy esperada, con planes que podrían superar US$1 billón en infraestructura hacia 2030.
En paralelo, el plan ChatGPT Go —más barato— se está expandiendo globalmente, con precio de US$8/mes en EE. UU., lo que le da a OpenAI una “zona media” entre gratis y Plus.
El riesgo: confianza y competencia a un clic
Los analistas ven un potencial enorme (la base de usuarios de ChatGPT es gigantesca), pero advierten el punto delicado: si la publicidad se siente torpe, invasiva u oportunista, algunos usuarios podrían migrar a alternativas como Gemini (Google) o Claude (Anthropic).
Por eso OpenAI insiste en el “separado de las respuestas” y en la transparencia: el gran activo de ChatGPT no es solo su capacidad, sino la confianza de que responde por mérito… y no por patrocinio.
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OpenAI está entrando al club de la monetización inevitable con una estrategia que busca equilibrio: mantener acceso amplio (gratis/Go) y, a la vez, abrir una nueva vía de ingresos para sostener el costo brutal de operar IA a escala.
La prueba real no será técnica: será emocional. Si los anuncios se sienten “justos”, pasarán. Si se sienten “metidos a la fuerza”, la gente se irá.
