En Hollywood hay críticas demoledoras, hilos eternos en redes… y luego está el nivel “Steve Jobs”. Porque una cosa es salir del cine con cara larga y otra muy distinta es llamar directamente al CEO de la compañía y dejarle claro que la película no funcionó.
Te puede interesar: [El inesperado éxito de las gafas de Meta estaría modificando el rumbo de la compañía]
Esa mezcla de franqueza brutal y acceso VIP es lo que convierte esta historia en una joya: un episodio donde Marvel todavía no era el imperio que es hoy, y donde cada estreno contaba.
La llamada que no puede hacer el público… pero Jobs sí
Bob Iger contó en sus memorias The Ride of a Lifetime que, al día siguiente del estreno de Iron Man 2, recibió una llamada de Steve Jobs para expresar su disgusto por la película. Iger describe que Jobs fue tan directo como era habitual en él, sin vueltas ni diplomacia.
La gracia del asunto no es solo el berrinche cinéfilo. Es el contexto: Jobs vio la cinta con su hijo Reed, y la reacción fue tan inmediata que no se quedó en “opinión de pasillo”. Fue feedback ejecutivo, en tiempo real, aunque viniera disfrazado de comentario familiar post-popcorn.
Por qué Jobs tenía línea directa con Disney
Jobs podía hacer esa llamada por un motivo simple: tenía el número… y tenía peso. Cuando Disney anunció la compra de Pixar en 2006, el comunicado oficial señaló que Jobs (entonces CEO de Pixar) se incorporaría al directorio de Disney.
Es decir: su crítica no caía en el buzón de sugerencias, caía en la oficina del jefe. Y eso cambiaba el tono. No era solo “no me gustó”. También era una preocupación implícita sobre estándares creativos y rumbo, justo cuando Disney empezaba a mirar de reojo el futuro de Marvel.
Marvel todavía estaba “en examen” y los números mandaban
Disney anunció la adquisición de Marvel en agosto de 2009. En ese período, el MCU todavía se estaba consolidando y Iron Man 2 era una pieza importante: una secuela grande, con expectativas enormes, y con la presión de sostener una franquicia que recién se estaba armando.
Pero Iger respondió como suelen responder los CEOs cuando una película divide opiniones: con la caja registradora. Iron Man 2 terminó recaudando alrededor de 621 millones de dólares a nivel mundial, una cifra que, por más debates de calidad, la volvía un éxito comercial contundente.
Ahí se entiende la “tensión divertida” de esta historia: Jobs representaba el estándar obsesivo por el producto; Iger, el termómetro del negocio. Uno hablaba de película; el otro hablaba de mercado.
La ironía: un tropiezo que ayudó a construir el imperio
Con el diario del lunes, el episodio se ve casi como una escena eliminada del propio MCU: el crítico más temido no fue un periodista, fue un aliado estratégico. Y aun así, la franquicia siguió creciendo hasta que Disney terminó poniendo su sello total sobre el universo Marvel.
Te puede interesar: [Malasia emprenderá acciones legales contra X: Esta vez, por culpa de Grok]
Al final, la anécdota no demuestra solo que Jobs odiara una secuela. Demuestra algo más entretenido: cuando se mezclan tecnología, entretenimiento y poder corporativo, hasta una salida al cine puede terminar en una llamada histórica.
