Mientras medio mundo imagina a la inteligencia artificial entrando a la oficina con una caja de cartón bajo el brazo (para alguien más), en AMD intentan contar otra película: una donde la IA se parece menos a un reemplazo y más a una herramienta que obliga a reorganizar el equipo. La frase clave no es “adiós empleo”, sino “hola, nuevas habilidades”.
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Y la vocera no es cualquiera: Lisa Su, CEO de la compañía, lo planteó en el escenario más ruidoso posible, el CES de Las Vegas.
El contexto: miedo a despidos, predicciones y el “modo fin del mundo”
El debate viene cargado. En los últimos meses, varias voces de alto perfil han advertido que la IA podría acelerar recortes por productividad. Entre ellas, Geoffrey Hinton —frecuentemente apodado “padrino” de la IA— ha sostenido que en 2026 podrían verse más pérdidas de empleo a medida que los sistemas mejoren y se expandan en empresas.
Ese clima es el que hace que cualquier frase corporativa suene a comunicado de emergencia. Pero AMD, por ahora, eligió otra narrativa.
Lisa Su en CES 2026: “no contratamos menos, contratamos distinto”
En entrevistas alrededor del CES 2026 en Las Vegas, Lisa Su afirmó que la IA no ha frenado la contratación en AMD. Lo que cambió, según ella, es el tipo de talento que se busca: gente “AI-forward”, es decir, perfiles que sepan trabajar con IA y sacarle provecho en el día a día.
La idea central, repetida con pocas vueltas, es que “la IA no está reemplazando a las personas”, sino elevando productividad y modificando cómo se organiza el trabajo.
En el ejemplo de AMD, Su sugiere que equipos como ingeniería y marketing pueden iterar más rápido y sacar más productos en menos tiempo gracias a estas herramientas.
Dicho en cristiano: no es “menos gente”, es gente con otros superpoderes (y sí, ahora el superpoder se llama saber convivir con modelos).

“No es burbuja”: AMD apuesta a la IA como electricidad (y a contratar para eso)
Su también descartó la idea de que esto sea una moda pasajera, y defendió que la IA tiene potencial de cambiar el paradigma tecnológico al nivel de grandes revoluciones previas. En esa misma línea, medios que cubrieron sus declaraciones recogieron una proyección llamativa: en pocos años podría haber miles de millones de usuarios utilizando IA en tareas cotidianas, no solo en laboratorios o demos pulidas.
Aquí hay una lectura práctica: si el uso se masifica, las empresas no solo “compran IA”, también deben armar equipos para integrarla, gobernarla, medirla y evitar que se convierta en un caos bonito.
La cifra que delata el interés de AMD: “10 yottaflops” de demanda
Y, claro, AMD no habla desde la grada. En el CES 2026, Su puso sobre la mesa una cifra que suena a ciencia ficción: en los próximos años, la demanda de cómputo para IA podría escalar hasta más de 10 yottaflops. Para dimensionarlo, ella lo usó como señal de que la industria está entrando a una etapa de crecimiento brutal en infraestructura… con un detalle incómodo: también aparece el límite de energía y capacidad eléctrica como parte del desafío.
La conclusión incómoda (y bastante humana)
¿Está sesgada AMD? Probablemente: cuando el boom de IA depende de chips y potencia de cómputo, a AMD le conviene que el futuro sea grande, largo y exigente. Pero incluso con ese incentivo, el mensaje tiene una vuelta interesante: la discusión no es solo si la IA reemplaza, sino cómo reordena el trabajo.
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En AMD, al menos por ahora, lo resumen sin teatro: la IA no sustituye a las personas; cambia qué personas se necesitan.
