La paciencia de Europa con Elon Musk parece haberse agotado. Lo que comenzó como una polémica tecnológica más alrededor de la inteligencia artificial ha escalado rápidamente hacia el terreno legal.
Esta vez, el foco está puesto en Grok, el chatbot integrado en X, y en la proliferación de imágenes sexualizadas generadas sin consentimiento, un fenómeno que ha encendido las alarmas en varios gobiernos del continente.
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Alemania pide pasar de las palabras a los tribunales
El ministro de Medios alemán, Wolfram Weimer, fue especialmente contundente al pedir a la Comisión Europea que tome acciones legales directas. Según sus declaraciones, lo que ocurre en X ya no es un problema puntual ni anecdótico, sino algo mucho más grave.
Weimer habló sin rodeos de una “industrialización del acoso sexual”, una expresión que resume bien la preocupación institucional: contenido generado en masa, impulsado por IA y distribuido sin control efectivo en una plataforma con alcance global.
Grok, la IA que cruzó líneas peligrosas
Las críticas se intensificaron tras diversos informes periodísticos que revelaron que Grok podía generar imágenes de mujeres —y en algunos casos menores— con ropa mínima, bajo solicitudes directas de usuarios.
Una funcionalidad que en el pasado fue descrita dentro de la propia plataforma como un “modo picante”.
Este tipo de contenido, según las autoridades europeas, no solo es éticamente cuestionable, sino directamente ilegal.
La Comisión Europea fue clara al calificar estas imágenes como “atroces”, y dejó en evidencia que el problema no es la tecnología en sí, sino la falta de límites y control en su aplicación.

La Ley de Servicios Digitales entra en escena
Europa no está improvisando. El marco legal ya existe: la Ley de Servicios Digitales (DSA). Esta normativa obliga a las plataformas digitales a actuar de forma proactiva contra contenidos ilegales y dañinos.
Desde el Ministerio Digital alemán señalan que el verdadero desafío no es la falta de leyes, sino su aplicación efectiva.
Crear o difundir imágenes sin consentimiento supone una violación grave de los derechos personales, y puede conllevar consecuencias penales. El mensaje es claro: la DSA no es decorativa, y X deberá responder.
Musk responde… como Musk
Lejos de un tono conciliador, la reacción desde X ha sido, como mínimo, provocadora. Ante las consultas de la prensa, la empresa se limitó a afirmar que “los medios tradicionales mienten”.
En redes, Elon Musk incluso restó importancia al asunto con comentarios burlones y reacciones que muchos consideran una trivialización de un problema serio.
Esta actitud no ha ayudado a calmar las aguas. Al contrario, ha reforzado la percepción de que X no está asumiendo la responsabilidad que implica operar una plataforma global con herramientas de IA tan potentes.
La presión se extiende por Europa… y más allá
Alemania no está sola. Francia ya ha informado a los fiscales, el regulador británico Ofcom exige explicaciones formales, y países como India también han pedido respuestas por contenido obsceno generado por Grok.
Mientras tanto, Estados Unidos guarda silencio, lo que añade una capa más de tensión al debate internacional.
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Todo apunta a que Europa quiere marcar un precedente: la innovación tecnológica no puede avanzar ignorando derechos básicos. Y si eso implica enfrentarse legalmente a uno de los empresarios más influyentes del planeta, parece que están dispuestos a hacerlo.
