Si 2024 fue el año de “por fin, humanos” para Neuralink, 2026 quiere ser el de “ahora sí, en serio”. La compañía que busca conectar cerebros con computadores ya no se está vendiendo como un experimento de laboratorio, sino como una operación lista para multiplicarse: producción de alto volumen y un procedimiento quirúrgico completamente automatizado.
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Y en el universo Musk, cuando aparece la palabra “escalabilidad”, es porque ya está pensando en el siguiente nivel.
De prototipo a fábrica: la “producción de alto volumen” como gran cambio
El motivo principal por el que 2026 podría marcar un antes y un después es la intención de Neuralink de pasar a una etapa industrial.
Según una publicación de Elon Musk en X, la empresa comenzará una producción de alto volumen de sus dispositivos de interfaz cerebro-computadora (BCI, por sus siglas en inglés) el próximo año.
En el mundo de la tecnología médica, esa frase no es un adorno: significa intentar dejar atrás la fase de “unos pocos dispositivos para casos muy controlados” y entrar en “vamos a fabricar esto de forma repetible”.
Y ahí está la diferencia entre una demo impresionante y un producto que aspira a ser real para más personas.
Claro, “alto volumen” no trae un número pegado. Pero el simple movimiento de hablar de volumen sugiere que Neuralink quiere crecer más allá de los ensayos limitados.
Un quirófano sin joystick: la apuesta por la cirugía automatizada
El segundo gran punto —y el más llamativo para cualquiera que haya visto cómo se habla de robots en medicina— es el plan de pasar a un procedimiento quirúrgico completamente automatizado en 2026.
Esto no se traduce en “sin médicos”, sino en estandarizar y mecanizar la parte más delicada del proceso, con la intención de reducir variaciones, mejorar consistencia y acelerar tiempos.
La promesa implícita es potente: si el implante depende de un procedimiento súper especializado y difícil de replicar, escalar es una pesadilla. Si el procedimiento se automatiza, el camino se vuelve (en teoría) más directo.
Y en una empresa que vive de convertir cosas imposibles en procesos repetibles, la automatización quirúrgica es el tipo de palabra que aparece cuando quieren decir: “esto ya no es solo ciencia; también es logística”.

Lo que ya se ha visto: pacientes, control mental y usos cotidianos
Neuralink no está vendiendo una idea vacía. Según la información disponible, su primer paciente ha usado el implante para tareas que suenan simples… hasta que se recuerda lo que significan: jugar videojuegos, navegar por internet, publicar en redes sociales y mover el cursor en una laptop.
El objetivo médico del implante está orientado a ayudar a personas con condiciones como lesiones de médula espinal, y la empresa ya presume un avance importante: en septiembre anunció que 12 personas con parálisis severa en distintas partes del mundo habían recibido implantes y los usaban para controlar herramientas digitales y físicas “con el pensamiento”.
Dicho de otro modo: Neuralink quiere que el público deje de pensar en “chip futurista” y lo empiece a ver como una nueva forma de interfaz, como lo fueron el mouse, la pantalla táctil o la voz… solo que más directa.
Regulación, dinero y el “sí, pero” que siempre acompaña a estos anuncios
También hay un trasfondo clave: el salto a humanos comenzó en 2024, después de que Neuralink abordara preocupaciones de seguridad de la FDA, que inicialmente había rechazado su solicitud en 2022.
Ese detalle importa porque en dispositivos implantables la velocidad no la marca solo la ingeniería: también la marcan los reguladores, los protocolos y los riesgos.
A esto se suma la gasolina financiera: Neuralink obtuvo 650 millones de dólares en una ronda de financiación en junio. Y cuando una compañía de tecnología médica levanta esa cifra, normalmente es porque los inversores esperan una palabra concreta: escala.
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Al final, 2026 pinta como un posible “gran año” por una razón muy específica: Neuralink no está hablando de un nuevo video demo, sino de fabricar mucho y operar con un método quirúrgico automatizado.
Si eso se materializa, pasaría de ser “la promesa más comentada” a ser una plataforma que intenta volverse rutina. Y en medicina, convertirse en rutina es la verdadera victoria.
