Cada vez que se anuncia un live action de anime, internet se prepara para el desastre. Pero One Piece de Netflix salió bien parado de la “maldición”, se instaló en el Top 10 de 93 países y fue número uno en 46 de ellos. A un mes del estreno de la temporada 2, Eiichiro Oda no solo está tranquilo: está abiertamente ambicioso.
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Ojo: los planes de Netflix con el live action de One Piece serían más grandes de lo que se piensa, y la carta reciente del propio Oda deja bastante claro que esta vez el objetivo no es solo gustar, sino literalmente “llegar a todos los espíritus aventureros del mundo”.
Una primera temporada que calló muchas bocas
La pregunta original era casi un meme: “¿De verdad se puede adaptar One Piece a acción real?”. La respuesta, al menos en términos de audiencia, fue contundente.
La primera temporada se metió en el Top 10 de 93 países y se coronó como número uno en 46, superando con comodidad la expectativa típica que se tiene de una adaptación de anime.
Ese éxito no fue casualidad. Entre el casting de Iñaki Godoy como Luffy, la construcción de los sets, el tono caricaturesco bien medido y la supervisión directa de Oda, la serie consiguió algo raro: convencer tanto a nuevos públicos como a fans veteranos.
Esa mezcla es la base sobre la cual Netflix y Oda quieren construir algo mucho más grande con la llegada al Grand Line en la temporada 2.
La carta de Oda: de “funcionó” a “ahora vamos por todo”
En su carta reciente, Oda repasa con orgullo lo conseguido con la primera temporada y deja claro que la segunda no pretende ser una simple continuación, sino una escalada.
Habla de que todas las “convenciones” de la primera tanda se van a romper, que ahora los Sombreros de Paja se adentran en el mar más imponente del mundo, y menciona un desfile de usuarios de Frutas del Diablo, gigantes, criaturas adorables, acción contundente y efectos visuales todavía más espectaculares.
En otras palabras, la promesa es clara: más personajes, más locura, más poder y más corazón. Oda remata deseando que el espectáculo llegue a “todos los espíritus aventureros del mundo”, una frase que, traducida al idioma de Netflix, suena mucho a: “queremos que esto se vea en absolutamente todas partes”.
Un plan global: de 93 países… ¿a casi todo el catálogo de Netflix?
Si la temporada 1 fue una prueba de concepto, la temporada 2 es el momento de ver hasta dónde puede llegar el proyecto. Con el historial de la franquicia y la base de fans que ya tiene construida, no suena descabellado pensar en una expansión mucho más agresiva en rankings globales.
En el mejor escenario para Netflix, la serie podría duplicar su impacto en el Top 10 y rozar la presencia en la mayor cantidad posible de territorios donde opera la plataforma.
A nivel interno, el sueño es evidente: convertir a One Piece en uno de los buques insignia de las producciones en inglés a nivel mundial, algo que le daría a la marca un empujón todavía mayor fuera del ecosistema del anime.
Producción cuidada, guiño a los fans… y algunos sacrificios dolorosos
Parte del encanto del live action de One Piece está en cómo equilibra dos mundos: la sensibilidad de producción occidental con la fidelidad al material original.
Oda no solo “autorizó” la serie; se involucró de cerca en el proceso, algo que se nota en los diálogos, en el diseño de personajes y en ciertos momentos clave trasladados casi cuadro por cuadro.
La temporada 2 promete seguir esa línea, con un casting que se abre aún más a talentos internacionales y con personajes muy esperados como Nico Robin y Chopper tomando el centro del escenario.
Eso sí, no todo es perfecto: algunos fans ya se han quejado de la ausencia (o posible recorte) de escenas con animales carismáticos del manga y el anime, como Karoo o los Kung Fu Dugongs. Es el tipo de concesión que suele aparecer cuando se adapta un universo tan gigantesco a formato live action.
Aun así, la sensación general es que la producción entiende que la clave del éxito está en respetar el alma de la obra original, incluso cuando haya que simplificar o recortar ciertos detalles para que la historia funcione en televisión.
One Piece, Netflix y un futuro que puede ser todavía más grande
Con una segunda temporada que llega cargada de hype, más presupuesto y la bendición directa de Oda, los planes de Netflix con el live action de One Piece van mucho más allá de “probar suerte”.
El objetivo es consolidar una saga de varias temporadas que acompañe a la historia principal durante años, expandiendo el alcance de la marca y demostrando que un live action de anime puede ser algo más que una curiosidad pasajera.
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Si la temporada 2 logra cumplir lo que promete en escala, calidad y alcance mundial, no solo romperá sus propios números: también podría convertirse en el nuevo modelo a seguir para futuras adaptaciones.
Y en ese escenario, One Piece de Netflix dejaría de ser “el live action que salió bien” para transformarse en una de las columnas centrales del catálogo global de la plataforma.
