Pocas cosas deben doler más que rozar el sueño y verlo desintegrarse en cuestión de días. Eso fue exactamente lo que le ocurrió al creador de NTR Kaeshi, un manga que había ganado el ranking mensual de novatos de febrero de 2026 en Shonen Jump+ y que estaba a un paso de debutar oficialmente.
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Estuvo a punto de lanzar su manga de forma oficial, pero lo cancelaron porque utilizó IA para crearlo. Y con esa decisión, Shueisha no solo tumbó un proyecto: encendió otro capítulo más en el debate sobre la inteligencia artificial en el manga.
De ganar el primer lugar… a quedarse sin serialización
La historia comenzó como un cuento de éxito perfecto. NTR Kaeshi, una obra centrada en venganza y netorare (infidelidad), se llevó el primer puesto en el ranking mensual de novatos de Shonen Jump+, ganando visibilidad, elogios y una oportunidad de serialización digital.
La trama tenía enganchados a muchos lectores: drama intenso, emociones fuertes y un enfoque adulto que destacaba dentro del catálogo de nuevas propuestas.
Todo parecía indicar que el siguiente paso era natural: pasar de promesa independiente a manga publicado oficialmente bajo el paraguas de una de las editoriales más importantes de Japón.
Pero en medio del entusiasmo, el equipo editorial comenzó a notar algo extraño en las ilustraciones. No era que estuvieran mal, al contrario: las caras eran demasiado consistentes, los trazos demasiado “limpios”, el estilo demasiado estable para un novato.
Y en pleno 2026, cuando la IA generativa está en todas partes, las alarmas se encendieron.
El “lápiz” era una IA: la razón detrás de la cancelación
Tras revisar el caso, Shueisha confirmó lo que sospechaba: el autor de NTR Kaeshi no solo había utilizado inteligencia artificial como herramienta de apoyo, sino que dependía de ella para estabilizar y homogeneizar el diseño de los personajes, usando prompts y software de generación de imágenes para alcanzar el acabado final de las páginas.
Es decir, la consistencia visual no venía de años de práctica a mano alzada, sino de saber conversar con un modelo de IA.
El golpe para el autor fue doble:
- Por un lado, se canceló la serialización que ya estaba encaminada.
- Por otro, fue descalificado del concurso Jump Rookie, dejando el primer lugar de febrero directamente vacío.
La postura de Shueisha fue contundente. El programa Jump Rookie, explicaron, existe para descubrir y formar talento humano, artistas que puedan evolucionar, pulir su estilo y crecer a largo plazo. Si el trabajo final depende en gran medida de un algoritmo, ese proceso de crecimiento pierde sentido.
Para la editorial, usar IA como apoyo para bocetos, referencias o ideas preliminares puede ser aceptable, pero presentar una obra final generada o corregida por IA en un concurso de talento artístico es cruzar una línea.
Es como presentarse a una carrera de bicicletas con una moto: puede llegar antes, sí, pero no es el mismo mérito.
El caso NTR Kaeshi y el choque entre tradición y algoritmo
El impacto no se quedó solo en la oficina editorial. La cancelación de NTR Kaeshi se volvió rápidamente tema de debate en redes y foros de manga.
Por un lado, están quienes defienden que la IA democratiza la creación, permitiendo que personas con grandes ideas pero menor habilidad técnica puedan producir obras completas. Desde esa óptica, lo importante sería la historia, no tanto si el autor se apoyó en un modelo para afinar los trazos.
Del otro lado, se encuentran los defensores del oficio tradicional, que ven en la IA una especie de atajo injusto y una amenaza directa al esfuerzo de quienes pasan años perfeccionando su dibujo.
Para la industria, además, hay un elemento de identidad: el manga es, en parte, la huella personal del autor en cada línea, con sus pequeñas imperfecciones, gestos y cambios de estilo.
Shueisha, al menos por ahora, se coloca claramente en este segundo bando. Prefiere el trazo humano, con todos sus errores, antes que una perfección artificial que no puede crecer ni madurar como lo haría un mangaka real.
¿Precedente necesario o miedo al futuro?
Al dejar vacante el primer puesto de febrero, la editorial envía un mensaje fuerte: no todo vale si se quiere entrar por la puerta grande del manga profesional, al menos en sus concursos de novatos.
La decisión funciona como advertencia para futuros participantes:quien quiera entrar a Jump Rookie deberá demostrar talento propio, no solo habilidad para manejar prompts.
Al mismo tiempo, el caso pone sobre la mesa una pregunta incómoda para el futuro del manga:¿hasta qué punto se podrá integrar la IA en el proceso creativo sin que el resultado deje de considerarse “arte de autor”?
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Lo único seguro, por ahora, es que este no será el último conflicto entre inteligencia artificial y creación artística. NTR Kaeshi quedará como uno de los primeros casos sonados en los que una obra que lo tenía todo para brillar se cayó por apoyarse demasiado en la máquina.
