Según reporta El Popular, el distrito de San Antonio, en la región de Moquegua, ha inaugurado un parque temático dedicado íntegramente a Dragon Ball, con una inversión que asciende a los 2.6 millones de soles.
El proyecto no ha escatimado en detalles: desde monumentales estatuas de Goku hasta la presencia del mismísimo Freezer, el recinto busca convertirse en el principal polo turístico para los fanáticos del anime en toda la región, demostrando que en este 2026 la nostalgia por los Guerreros Z es un motor económico real para la infraestructura pública.

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El parque cuenta con representaciones a escala de los personajes más icónicos de la franquicia, capturando momentos épicos que han marcado a generaciones.
La inversión ha generado un intenso debate local sobre la prioridad del gasto público, pero las autoridades defienden el proyecto como una apuesta por el turismo receptivo y la creación de espacios recreativos modernos que conecten con la identidad cultural de los jóvenes. Con acabados que sorprenden por su fidelidad al manga y al anime, el distrito de San Antonio se posiciona ahora como la “capital saiyajin” del Perú.

Ni Freezer quedó fuera: El impacto visual en Moquegua
Uno de los mayores atractivos del parque es la diversidad de su catálogo de estatuas. La obra no se limita a los protagonistas, sino que incluye a villanos emblemáticos como Freezer en sus distintas formas, recreados con una precisión que ha inundado las redes sociales de fotografías en las últimas horas. El diseño del parque integra áreas verdes con senderos que guían a los visitantes a través de la cronología de la serie, convirtiéndolo en un museo al aire libre que rinde homenaje al legado de Toriyama en pleno 2026.

Y así vemos cómo la cultura geek está moldeando la arquitectura urbana en Latinoamérica. Lo que antes era un nicho, hoy justifica presupuestos millonarios y transformaciones territoriales.

Mientras el mundo espera novedades oficiales sobre el regreso del anime, Moquegua ha tomado la delantera construyendo un santuario físico donde el “Kamehameha” se siente más real que nunca.
