Entretenimiento

Demasiado buenismo: Estos villanos de Dragon Ball realmente no necesitan ser redimidos

Dragon Ball ama transformar enemigos en aliados y a veces ha empujado redenciones que se sienten forzadas, apuradas o directamente innecesarias.

Black Freezer. Ilustración Fan Art
Black Freezer. Ilustración Fan Art

En Dragon Ball, la muerte es reversible, los planetas vuelven y los rivales terminan compartiendo comida. La franquicia convirtió la redención en un deporte: primero te golpean, después te entienden, y finalmente te invitan al asado con Capsule Corp. Esa fórmula ha producido algunos de los mejores giros de la saga… pero también ha instalado un reflejo peligroso: si alguien fue malo, tarde o temprano “se arregla”.

Te puede interesar: [¿Problemas con derechos? La editorial de Dragon Ball no menciona a Akira Toriyama en ninguno de sus dibujos publicados]

Y ahí aparece el problema. Hay villanos que ganan profundidad al cambiar, sí. Pero hay otros que, al volverse simpáticos, pierden exactamente lo que los hacía memorables.

Cuando la redención aporta… y cuando solo baja el voltaje

Dragon Ball tiene un historial impecable con ciertos casos. Piccolo y Vegeta, por ejemplo, no solo cambian de bando: se reconstruyen como personajes. La gracia es que su transformación altera su identidad, su relación con Goku y su lugar en el mundo.


El problema aparece cuando la redención funciona como atajo narrativo: en vez de desarrollar un cierre, la historia decide que “ahora son graciosos”, “ahora ayudan” o “ahora quedaron en el elenco”. Y ahí el villano deja de ser motor dramático para convertirse en decoración.

La Banda Pilaf: del primer enemigo… al chiste permanente

Pilaf, Shu y Mai tienen un currículum curioso: fueron los primeros villanos, persistieron como molestias recurrentes y hasta están ligados a eventos graves como la liberación del Rey Piccolo.

Sin embargo, en etapas posteriores terminan convertidos en alivio cómico y, de paso, “rejuvenecidos” por un deseo que ocurre fuera de pantalla.

La idea puede ser divertida, pero también deja una sensación rara: la historia les perdona demasiado rápido y el pasado se vuelve irrelevante, incluso cuando la franquicia ya demostró que sabe trabajar con consecuencias.

Chaoz: el villano que habría sido más interesante si no se “suavizaba”

Chaoz y Ten Shin Han debutan como rivales peligrosos bajo la Escuela Grulla. La redención de Ten funciona porque su orgullo y su ética se enfrentan a su maestro. Pero Chaoz, una vez “del lado bueno”, queda reducido a apoyo de fondo.

El giro más potente habría sido lo contrario: que Chaoz se quedara con Shen, convirtiéndose en un recordatorio incómodo del pasado de Ten. Como villano, sus poderes psíquicos habrían tenido espacio para crecer y volverse realmente inquietantes.

Como aliado, en cambio, queda como un personaje que “está”, pero rara vez pesa.

Gamma 1: la redención por inercia y el valor del daño colateral

En Dragon Ball Super: Super Hero, Gamma 1 y Gamma 2 parten desde un error comprensible: creen estar salvando el mundo porque fueron manipulados. El sacrificio de Gamma 2 es emotivo y funciona como cierre.

Pero dejar a Gamma 1 vivo y sumarlo a Capsule Corp abre una pregunta que la serie todavía no responde: ¿para qué sirve narrativamente otro androide superpoderoso en el elenco?

La historia habría sido igual o más contundente si ambos Gamma terminaban como daño colateral, dejando al Dr. Hedo como el verdadero redimido y responsable de reconstruir desde la culpa.

Bills: cuando el “amigo” arruina al Dios de la Destrucción

Beerus llegó como una amenaza cósmica que ampliaba el universo y elevaba el peligro a nivel divino. El problema no es que se relaje; el problema es que se vuelva demasiado cotidiano.

Su rol de comedia y mentor disminuye esa tensión que lo hacía fascinante: la idea de que, en cualquier momento, alguien con ese poder podría decidir borrar un planeta por capricho.

En una saga donde el miedo al villano es combustible, convertir a Beerus en “vecino exigente” le quita aura. Los Dioses de la Destrucción deberían incomodar, no solo entretener.

Nuova Shenron: redención interesante… sin tiempo para que importe

La idea de que uno de los Dragones de las Sombras tenga honor no es mala. El problema es que GT acelera hacia su final, y la redención de Nuova termina pareciendo un recurso conveniente que diluye el mensaje central: los Dragones nacen del abuso de las Dragon Balls y son un castigo narrativo.

Dar matices está bien. Pero si la historia no tiene tiempo de sostenerlos, el resultado es confuso.

Majin Kuu y Duu: DAIMA pudo hacer aterradores a los Majins otra vez

Kuu y Duu tienen presencia y potencial para ser caos puro, pero se inclinan por la comedia y terminan ayudando. Funcionan como personajes simpáticos, sí, pero la saga pierde la oportunidad de recordar que “Majin” puede significar amenaza real.

Después de tanto tiempo sin un villano tan desbordado como Kid Buu, un regreso al terror habría sido un golpe refrescante.

Freezer: el villano que no necesita “buenos modales”

Freezer es el antagonista por excelencia. Por eso mismo, hacerlo cooperar con Goku y Vegeta en el Torneo de Poder es llamativo… pero también difícil de sentir natural.

La tensión de “se va a traicionar” existe, pero no compensa el efecto secundario: la narrativa termina premiando su participación y le devuelve su lugar en el tablero.

El resultado es raro: la serie lo trata con una indulgencia que no combina con lo que representa. Freezer funciona mejor como amenaza constante, no como aliado temporal con “méritos” reconocidos.

Te puede interesar: [Así se vería Rumi de las guerreras K-Pop si estuviera en Dragon Ball Z]

La conclusión incómoda: no todo villano necesita ser parte del grupo

Dragon Ball es excelente cuando usa la redención como transformación real, no como trámite. Pero cuando el “buenismo” se vuelve automático, el mundo pierde peligrosidad y los villanos pierden identidad. A veces, la mejor forma de honrar a un antagonista es dejarlo ser eso: antagonista.

Porque no todos están hechos para terminar en la foto familiar.

Tags

.

Lo Último