Cuando una historia se extiende por más de 40 años, es normal que algunos planes cambien. Pero si hablamos de Dragon Ball, esos cambios a veces fueron tan abruptos, tan brillantes o tan caóticos, que cuesta imaginar que estuvieran planeados desde el principio. Porque si algo dejó claro Akira Toriyama es que la improvisación también puede crear momentos legendarios.
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Goku, el niño mono… que resulta ser un alienígena
Al comienzo de Dragon Ball, Goku era solo un chico con cola, fuerza sobrehumana y una actitud despreocupada. Todo perfectamente normal… si no fuera porque, de repente, se reveló que era un Saiyajin venido del espacio.
Una decisión que no estaba en los planes originales de Toriyama, pero que le vino de perlas para justificar su poder desmedido y abrir las puertas de Dragon Ball Z a un nuevo universo lleno de extraterrestres musculosos.
Trunks del Futuro, el hijo que nadie vio venir
Aparece del futuro, enciende la espada, parte a Freezer en dos y se va. ¿Qué más se puede pedir? Pues resulta que ese chico cool era el hijo de Vegeta y Bulma, algo que ni Toriyama había pensado cuando lo dibujó por primera vez.
El giro no solo sorprendió a los fans, también cambió completamente a tres personajes principales, dándoles una dimensión inesperada.
Los androides... no eran los androides
Trunks llegó del futuro para advertirnos sobre los androides 19 y 20, pero ¡plot twist!, esos no eran. Toriyama fue cambiando de villano conforme se lo pedían (literalmente). Así nacieron los icónicos 17 y 18, y después Cell.
Un ejemplo claro de cómo la improvisación puede dar lugar a algunos de los mejores arcos del anime.
Goku y su Super Saiyajin 3 “guardado por si acaso”
La transformación en Super Saiyan 3 fue épica… pero también innecesaria. Goku ya lo tenía dominado mientras estaba en la Tierra, pero nunca lo usó contra Majin Vegeta. ¿Estrategia? ¿Conveniencia narrativa? ¿Un apuro por extender la saga? Tal vez todo eso junto.
Freezer y sus infinitas transformaciones
Toriyama no sabía cuántas formas tendría Freezer. Solo sabía que tenía que parecer más poderoso en cada una. Así fue como la leyenda de las transformaciones infinitas nació, y con ella, una tradición que todos los villanos seguirían.
Namekianos demoníacos y Kami de otro planeta
¿Kami era un dios? Sí… pero luego no. Resulta que era de Namek, planeta con Dragon Balls más potentes. Otro giro útil que salvó el guion tras la muerte de Piccolo, y que Toriyama sacó de la manga con estilo.
Krillin y Androide 18: ¿el romance menos esperado?
La frialdad de Androide 18 y la calvicie de Krillin no parecían combinar, pero el corazón de Dragon Ball hizo lo suyo. Toriyama improvisó un amor real, con hija incluida. Y sí, los fans lo agradecieron.
El multiverso demoníaco de DAIMA
Ya entrados en locuras, Dragon Ball DAIMA reveló que los namekianos y los Kaio-shin son técnicamente demonios. Porque, claro, cuando te quedas sin ideas, nada como un poco de demonología interdimensional para refrescar la historia.
La destrucción del planeta Vegeta: ¿Freezer o Beerus?
Primero fue Freezer. Luego, resulta que Beerus le dio la orden. ¿Era necesario? No. ¿Fue épico? Totalmente. A Dragon Ball le encanta dar estos giros cósmicos donde todo está conectado, aunque las conexiones se inventen sobre la marcha.
Bardock, de mercenario despiadado a padre con corazón
En los 90, Bardock era un guerrero frío y violento. Décadas después, se volvió un héroe sensible que salva planetas y da discursos profundos. Si Goku ya era especial, ahora también lo es por su linaje… un linaje que Toriyama decidió “ajustar” según la época.
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¿Improvisaciones o genialidades? Tal vez ambas. Lo cierto es que estos giros marcaron a generaciones y mantuvieron a Dragon Ball siempre fresco, impredecible y gloriosamente desordenado. Y aunque Toriyama no los tuviera planeados, no podríamos imaginar la serie sin ellos.
