Si te habías ilusionado con la idea de minar un asteroide, encontrar toneladas de metales preciosos y convertirte en el Elon Musk interplanetario, tenemos noticias: la minería espacial sigue siendo más ciencia ficción que negocio real. Pero según la ciencia, no es una locura total, solo una meta lejana que requiere mucho más desarrollo… y paciencia.
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¿Qué tan viable es minar un asteroide?
La minería de asteroides lleva años siendo una promesa tentadora. La idea suena increíble: enviar naves a cuerpos celestes ricos en minerales y traer de vuelta oro, platino o incluso agua en forma de hielo.
Pero la pregunta es ¿tenemos la tecnología para hacerlo? Un nuevo estudio internacional dice que… no del todo.
Liderado por el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE) y el CSIC en Barcelona, el estudio publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society pone sobre la mesa los desafíos reales detrás de esta fantasía espacial.
Los asteroides que valen la pena (y los que no)
La investigación se enfocó en los asteroides de tipo C, los más comunes del vecindario cósmico y ricos en carbono. Estas rocas espaciales podrían esconder recursos valiosos, pero su fragilidad los convierte en un verdadero desafío técnico.
Cuando llegan a la Tierra como meteoritos, se hacen polvo, literalmente. Por eso, los científicos estudiaron las raras condritas carbonáceas recuperadas en zonas como la Antártida.
Gracias a la espectrometría de masas, el equipo identificó la composición química de seis tipos de condritas. El resultado: sí, tienen potencial minero, pero extraer sus recursos no es precisamente fácil.
“La mayoría de estos cuerpos están cubiertos por regolito, un polvo suelto que facilitaría recolectar pequeñas muestras, pero hacerlo a gran escala es otro cantar”, explica el investigador Jordi Ibáñez-Insa.
¿Y si en vez de oro buscamos hielo?
Uno de los puntos más interesantes del estudio es que algunos asteroides también contienen hielo de agua, un recurso aún más valioso para las misiones espaciales. ¿Por qué? Porque podría convertirse en combustible y reducir la dependencia de los reabastecimientos desde la Tierra.
En resumen, permitiría que las misiones vayan más lejos, por más tiempo… y con menos drama logístico.
El futuro está en los prístinos
No todos los asteroides son iguales. El estudio señala que los más prometedores serían los llamados “prístinos”, que muestran bandas de olivino y espinela. Estos podrían ser objetivos clave para futuras misiones de minería.
Pero antes de soñar con excavadoras espaciales, los científicos insisten: necesitamos más datos, más análisis químico y más misiones que recojan muestras directamente de estos cuerpos celestes. Solo así podremos saber con certeza qué hay allá fuera que valga la pena minar.
Entonces, ¿veremos minería espacial pronto?
No, pero tampoco es un no rotundo. La ciencia dice que estamos aún lejos de contar con la tecnología necesaria para extraer y procesar materiales en microgravedad. Además, los residuos y el impacto ambiental —aunque sea fuera del planeta— también son temas que no se pueden ignorar.
Como concluye Josep M. Trigo-Rodríguez, autor del estudio: “Hace falta un gran salto tecnológico y mucha colaboración internacional. Pero merece la pena explorarlo”.
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Así que por ahora, el oro seguirá en la Tierra… pero el sueño de minar el espacio sigue en la mira de la ciencia.
