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Este capítulo de Dragon Ball Super hace un silencioso homenaje a un momento emotivo de Z

Un homenaje silencioso, pero profundamente poderoso, a la obra y legado de Akira Toriyama.

Dragon Ball Super estilo DBZ
Dragon Ball Super estilo DBZ

Dragon Ball Super ha sido una montaña rusa de peleas épicas, transformaciones inesperadas y nostalgia bien dosificada. Pero en su capítulo 103, “Un legado hacia el futuro”, la serie hace algo distinto: baja el volumen, se despide con calma… y rinde tributo a un momento del pasado que muchos fans llevan grabado en el corazón.

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Con la partida de Akira Toriyama aún fresca, este cierre se siente más personal que nunca.

Del rugido de batalla a la paz familiar

Sí, el capítulo es recordado por la explosiva pelea entre Gohan Bestia y Goku Ultra Instinto, pero su verdadero clímax no viene con un choque de poderes, sino con algo mucho más simple: una escena cotidiana donde Goku, Gohan y Piccolo recogen a Pan del preescolar.


No hay gritos. No hay energía desatada. Solo una despedida, sutil pero significativa.

Este momento final dialoga directamente con el capítulo 517 de Dragon Ball Z, “Un final feliz… y luego…”, el epílogo que mostraba a los guerreros Z tras derrotar a Kid Buu. No fue el final absoluto de la saga, pero sí un cierre emocional donde todos se reencontraban y despedían brevemente antes del salto temporal.

Manga
Dragon Ball Super
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Dragon Bal Super

Paneles que se repiten, pero el peso es otro

Los fans más observadores notaron que el lenguaje visual de Super emula al del capítulo 517, desde las composiciones hasta las expresiones. Pero aquí hay algo más profundo: Dragon Ball Super no solo homenajea a Z… también se despide del propio Toriyama.

Toyotarou, heredero artístico de la franquicia, utiliza el mismo recurso que su maestro: cerrar con una escena emocional sin necesidad de palabras, donde las miradas y los gestos dicen mucho más que cualquier diálogo.

Es un guiño que se siente como un abrazo entre generaciones, tanto dentro como fuera de la historia.

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Dragon Ball Z
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Dragon Ball

Una franquicia que se mira a sí misma (y no por vanidad)

Este no es el primer paralelismo entre Super y Z, claro. A lo largo de los años, la serie ha hecho eco de momentos icónicos:

  • El Kamehameha padre-hijo de Goku y Gohan.
  • La ascensión de Gohan al Super Saiyan 2, con planos calcados.
  • El enfrentamiento entre Goku y Vegeta en el Yermo de Gizard, con composición clásica.
  • Incluso el regreso de Uub sobre la Nube Voladora.

Estos no son simples reciclajes: son reflejos emocionales que muestran cómo la historia regresa al punto de partida para cerrar ciclos. Y el capítulo 103, al igual que su homólogo de Z, no busca espectacularidad: busca paz.

El poder del silencio: un final que respira

La elección de evitar el diálogo en ese epílogo no es casual. Toyotarou permite que el lector proyecte su propio cierre, que imagine lo que los personajes dirían en ese instante. Es una manera de devolverle al fan algo muy íntimo: la conexión emocional con Dragon Ball en su forma más pura.

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Nada de explicaciones, nada de promesas de lo que vendrá. Solo la sensación de que, por un momento, el mundo de Dragon Ball puede descansar. Y eso, en una saga acostumbrada al caos, se siente revolucionario.

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