En medio de misiles, ataques teledirigidos y de drones en la guerra contra Irán, las alarmas por una crisis nuclear tienen preocupados a organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero ¿qué tan real es este riesgo?
A pesar de los argumentos de Israel y Estados Unidos para atacar Irán, la realidad es que hasta ahora las evidencias muestran que el mayor peligro inmediato no es una bomba nuclear, sino un accidente radiológico con efectos en salud, agua, alimentos y desplazamientos que podrían alcanzar a gran parte del Golfo.
En una rueda de prensa el pasado 5 de marzo, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, indicó que el conflicto en Irán y Oriente Medio ya afectaba a 16 países, mientras que la OMS verificó 13 ataques a la atención sanitaria en ese país y que la amenaza sobre instalaciones nucleares es “preocupante” porque cualquier compromiso con la seguridad nuclear podría tener graves consecuencias para la salud pública.
La OMS añadió que la inseguridad obligó a suspender operaciones de su centro logístico para emergencias en Dubái.
¿Qué advierte la OMS sobre Irán?
Hasta ahora, pese a las acusaciones de los gobierno de Israel o Estados Unidos, la alerta de la OMS no implica que exista evidencia pública de un ataque nuclear con ojivas atómicas, el riesgo inmediato que describen los organismos internacionales es que la guerra alcance instalaciones nucleares, material radiactivo o cadenas de combustible y provoque una emergencia radiológica.
El OIEA informó el 2 de marzo que, hasta ese momento, no había detectado aumentos de radiación por encima de los niveles habituales en los países vecinos de Irán y que no tenía indicios de daños en grandes instalaciones como Bushehr o el reactor de investigación de Teherán.
Pero el propio organismo advirtió que no puede descartarse una liberación radiológica y que un escenario grave podría obligar a evacuar áreas “tan grandes o mayores que ciudades principales”.
Ese aviso es especialmente delicado porque el OIEA recuerda que el entorno regional no solo concentra guerra, sino también infraestructura sensible.
Según Rafael Grossi, en la región hay reactores nucleares operativos en Emiratos Árabes Unidos, reactores de investigación en Jordania y Siria, y otros países atacados o expuestos —como Bahréin, Irak, Kuwait, Omán, Qatar y Arabia Saudí— utilizan aplicaciones nucleares en distintos ámbitos.
En otras palabras, si la guerra se acerca más a sitios nucleares o radiológicos, el radio de impacto ya no sería solo iraní.
Riesgos de accidente radiológico
La OMS explica que una emergencia radiológica puede afectar la salud de formas muy distintas según la dosis, la duración y la vía de exposición.
En los escenarios más severos puede haber quemaduras, síndrome agudo por radiación y muerte; en exposiciones más bajas o prolongadas aumenta el riesgo de cáncer y otros efectos a largo plazo.
También hay riesgo cuando partículas radiactivas se inhalan, se ingieren o se depositan sobre la piel, la ropa, el suelo, el agua o los alimentos.
No obstante, el golpe sanitario no se limita a la radiación, la OMS subraya que las medidas urgentes de protección —como evacuaciones, refugio, reasentamientos y restricciones a productos locales— pueden desatar un daño social y psicológico enorme.
La experiencia de Fukushima, revisada por la propia organización, mostró que una emergencia nuclear también deja estrés severo, ruptura de vínculos sociales, pérdida de vivienda y empleo, estigmatización y más problemas de salud mental entre las personas evacuadas.
Además, obliga a vigilar durante años la contaminación en alimentos y cadenas de suministro.
Amenaza de armas biológicas
Aunque hasta ahora no hay evidencia pública de uso de armas biológicas en esta guerra, los organismos internacionales sí llevan años advirtiendo que las amenazas modernas ya no se parecen solo a los arsenales clásicos del siglo XX.
Al respecto cabe recordar que Convención sobre Armas Biológicas de la ONU prohíbe desarrollar, producir, almacenar, transferir o usar armas biológicas y tóxicas.
Mientras tanto, la OMS, en su guía de bioseguridad de laboratorio de 2024, advierte que los mayores riesgos actuales vienen del manejo de material biológico de alta consecuencia, de las técnicas moleculares, la biología sintética, la inteligencia artificial y otros avances de doble uso que, en un contexto de guerra o colapso institucional, pueden volverse más difíciles de controlar.
En ese frente también hay una diferencia política importante: la ONU señala que la Convención tiene 189 Estados parte; sin embargo, Israel sigue fuera del tratado, como recuerda la Arms Control Association.
Eso no equivale a probar un arsenal biológico activo, pero sí complica el mapa de confianza, verificación y transparencia en una región que ya está bajo máxima tensión.
Del mito a la realidad
Pero no todo es fantasía, lo que sí aparece documentado en fuentes especializadas y organismos de prestigio son materiales nucleares y capacidades estratégicas sensibles.
En el caso de Irán, el perfil del NTI indica que el país conserva un programa con ciclo completo del combustible nuclear y situaba su reserva en alrededor de 400 kilos de uranio enriquecido al 60% en 2025.
El mismo perfil añade que Teherán niega haber adquirido o producido armas biológicas, aunque sus actividades de doble uso y sus industrias biotecnológicas y farmacéuticas siguen generando preocupación externa.
Para Israel, el NTI estima unas 90 ojivas nucleares, un stock aproximado de 750 a mil 110 kilos de plutonio y suficiente material fisible como para producir muchas más armas; además, subraya que el país mantiene una política de opacidad nuclear, no ha firmado el TNP y opera un sofisticado programa de biodefensa.
SIPRI, por su parte, incluye a Israel entre los nueve Estados con armas nucleares al inicio de 2025 y advierte que casi todos ellos están modernizando sus arsenales.
En el caso de Estados Unidos, SIPRI recuerda que Washington y Moscú concentran cerca del 90% de las armas nucleares del mundo, y la Federation of American Scientists estimó para 2025 un stock estadounidense de alrededor de tres mil 700 ojivas, de las cuales unas mil 770 estarían desplegadas y unas mil 930 en reserva.
A nivel biológico, Washington sostiene oficialmente que continuó cumpliendo sus obligaciones de control de armas y no mantiene un programa ofensivo declarado, aunque, como el resto de las potencias científicas, opera dentro de un ecosistema de investigación y bioseguridad de enorme escala.
Riesgo de escalada
Una posible intensificación del conflicto es el punto que más inquieta a los organismos internacionales, la OMS ya habla de un conflicto regional con 16 países afectados; el OIEA insiste en que la situación es “muy preocupante” y que solo la diplomacia puede reducir el riesgo de un accidente nuclear; y SIPRI viene alertando desde 2025 que el mundo ya entró en una nueva etapa de riesgo nuclear creciente, con arsenales en modernización y mecanismos de control cada vez más debilitados.
Si la guerra sigue escalando y se multiplican los ataques sobre infraestructura crítica, el peligro no será solo un frente militar más amplio, sino una crisis sanitaria, energética y radiológica con efectos mucho más allá de Irán.
