El calendario lunar de la NASA ha vuelto a chocar con la realidad de la ingeniería aeroespacial. Los técnicos de la agencia continúan analizando una persistente fuga de hidrógeno líquido en el cohete SLS (Space Launch System), el pilar de la misión Artemis II.
Este contratiempo técnico ha puesto en duda la ventana de lanzamiento programada para finales de marzo, reviviendo los fantasmas de los retrasos que ya sufrió la misión Artemis I debido a problemas idénticos con el sistema de carga de combustible.

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El desafío del “Gas Escurridizo”
El hidrógeno líquido es el combustible más eficiente para los motores RS-25 del SLS, pero también es el más difícil de manejar. Al ser la molécula más pequeña del universo, cualquier imperfección microscópica en los sellos o juntas de las líneas de transferencia se convierte en una vía de escape. La fuga detectada en las últimas pruebas de llenado ha impedido completar el ciclo de presurización necesario para el despegue seguro.
Los equipos de ingeniería están evaluando si la reparación puede realizarse directamente en la plataforma de lanzamiento 39B o si el colosal cohete debe ser trasladado de vuelta al Edificio de Ensamblaje de Vehículos (VAB). Esta última opción supondría, casi con total seguridad, la cancelación definitiva del intento de marzo, desplazando la misión hacia una nueva ventana de oportunidad a mediados de 2026.
¿Qué está en juego con Artemis II?
A diferencia de su predecesora, Artemis II es una misión tripulada. Los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen están listos para ser los primeros seres humanos en viajar más allá de la órbita terrestre baja en más de cincuenta años. La seguridad es la prioridad absoluta; la NASA no puede permitirse el más mínimo margen de error en un sistema de propulsión que ya ha demostrado ser temperamental.
Estos retrasos, aunque frustrantes para el público, son parte intrínseca de la nueva carrera espacial. El SLS es una pieza de ingeniería única y compleja, y cada anomalía detectada ahora es un riesgo menos para la tripulación en el espacio profundo. La Luna puede esperar, pero la integridad de los astronautas no es negociable.
