La presencia de robots en entornos sanitarios ya no es una escena de ciencia ficción, sino una línea de investigación clínica activa. Un nuevo estudio especializado de la Universidad de Surrey, en el Reino Unido está investigando el impacto profundo que los robots humanoides tienen en la salud mental de los pacientes.
La investigación fue liderada por expertos en robótica y psicología de dicha institución, quienes utilizaron un enfoque multidisciplinario para observar cómo la interacción con máquinas que imitan la forma humana afecta los procesos cognitivos y emocionales de las personas en contextos clínicos.

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Lejos de ser meras herramientas mecánicas, estas entidades están demostrando una capacidad sorprendente para influir en estados emocionales, reduciendo el estrés y la ansiedad en tratamientos de larga duración. Sin embargo, los investigadores también plantean interrogantes éticas sobre la dependencia emocional y la deshumanización de los cuidados médicos en el futuro cercano.
Robots como catalizadores de bienestar
La investigación destaca que la apariencia física de los humanoides juega un papel crucial en la aceptación del paciente. Al replicar gestos humanos y mantener una comunicación empática mediante algoritmos de inteligencia artificial, estos robots logran establecer un puente de confianza que facilita la adherencia a los tratamientos.

En entornos como la pediatría o el cuidado de personas mayores, se ha observado que la interacción con un robot reduce significativamente los niveles de cortisol, la hormona del estrés, permitiendo que el paciente se sienta más acompañado sin la fatiga que a veces conlleva la interacción social humana constante.
El estudio sugiere que estos dispositivos no reemplazarán al personal médico, sino que actuarán como “asistentes emocionales” capaces de realizar tareas de monitoreo y acompañamiento 24/7.
Esta disponibilidad constante es uno de los puntos más fuertes, ya que la soledad es uno de los factores que más agravan las condiciones de salud mental. La tecnología permite que el robot detecte cambios sutiles en el tono de voz o las expresiones faciales del paciente, alertando a los profesionales humanos antes de que una crisis se manifieste.
El desafío de la conexión artificial
A pesar de los beneficios evidentes, el estudio no ignora los riesgos. Existe una preocupación legítima sobre la “sustitución emocional”, donde el paciente podría preferir la interacción programada y predecible de un robot sobre la complejidad de las relaciones humanas. Además, el manejo de datos biométricos y la privacidad en entornos terapéuticos siguen siendo temas de debate intenso para los reguladores de salud digital.

La conclusión del informe es clara: el éxito de los robots humanoides en la medicina no dependerá solo de su sofisticación técnica, sino de nuestra capacidad para integrarlos de forma equilibrada.
Si se utilizan como un complemento que libera a los médicos de tareas rutinarias para que puedan enfocarse en el contacto humano real, los robots podrían ser el avance más importante para la salud mental en décadas.
