Ciencia

El experimento más delirante: La vez que dos científicos quisieron crear días de 28 horas en una cueva

En la actualidad la revista New Scientist ubica a esta investigación como una de los “Nueve de los experimentos más extraños de la historia”.

Así, junto a su colega, Bruce Richardson, Kleitman pasó todo un mes en el interior de la Cueva de Mammoth en Kentucky. Un lugar oscuro, inhóspito y que no tenía acceso a la luz natural ni a los relojes. ¿El objetivo? Observar cómo se ajustaban sus ciclos de sueño y vigilia.

Curiosamente, en la actualidad la revista New Scientist ubica a esta investigación como una de los “Nueve de los experimentos más extraños de la historia”.

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El experimento de los días de 28 horas

Esta historia comienza en junio de 1938, cuando el profesor Nathaniel Kleitman y su ayudante, Bruce Richardson, comenzaron una rara expedición a la cueva Mammoth en Kentucky, Estados Unidos. ¿Su misión? Desafiar la concepción humana del tiempo, adaptándose a un ciclo diario de 28 horas.

El entorno parecía ideal, completamente aislado de estímulos externos como la luz solar y el sonido de la ciudad. El tema de explorar los límites de los ritmos circadianos humanos y si es posible liberarse del ciclo natural de 24 horas aún no se había abordado por la ciencia, por lo que marcó un antes y un después en este tipo de estudios.

Así y durante 32 días, Kleitman y Richardson vivieron en absoluta oscuridad, con una misma temperatura y sin conexión con el mundo exterior, con la esperanza de responder preguntas fundamentales sobre nuestra relación con el tiempo y el sueño.

El desarrollo del experimento de Kleitman

Una vez dentro de la cueva, la rutina que seguirían estos dos investigadores era dividir la jornada en 10 horas de trabajo, 9 de ocio y 9 de sueño. Pero pese a su dedicación, los resultados revelaron que, sin importar el horario autoimpuesto de 28 horas, su ciclo de temperatura corporal se mantenía en un ritmo de 24 horas, indicando una predisposición del “reloj biológico” al ciclo solar.

“La idea era ver cómo se podía generar el sueño en ausencia de las señales ambientales normales, especialmente la luz y temperatura”, explicó en 2016 el investigador del sueño de la Universidad de California, Jerome Siegel, a la revista The Scientist.

Y aunque no lograron crear días de 28 horas, sus resultados sirvieron para futuras investigaciones. Por ejemplo, entendieron las diferencias entre Kleitman, de 43 años y Richardson, considerablemente más joven, cuyo cuerpo se adaptó mejor a la cueva que el de su jefe.

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