Ciencia

¿Cómo sabe tu cuerpo que está satisfecho cuando comes?

Es uno de los mecanismos de nuestro cuerpo relacionados con la supervivencia

Después de una comida abundante solemos decir: “ya no puedo comer más”. Pero incluso cuando ingerimos cantidades más pequeñas de comida, hay un momento después de eso, que tenemos claro que estamos satisfechos y ya no debemos comer más.

Pensemos por un momento que no tuviéramos ninguna indicación de que eso está sucediendo en nuestro cuerpo: quizá si hubiera suficiente comida seguiríamos comiendo.

Tal vez alguna vez hemos ignorado esa señal y hemos comido “un poco más”, pero entonces sufrimos consecuencias como la indigestión.

Pero afortunadamente, aunque seamos muy glotones, el cuerpo sí tiene una forma de indicarnos que lo mejor sería no seguir comiendo. ¿Cómo es que funciona ese mecanismo?

Todo empieza con el hambre

Tal vez identificar el hambre es algo que nos parece más fácil, respecto a la saciedad: cuando tenemos hambre nos sentimos incómodos e incluso irritables. Afortunadamente ese malestar, termina si comemos algo.

Esa incomodidad, que sentimos varias veces al día, también es una señal de nuestro cuerpo que asegura nuestra supervivencia.

Cuando tenemos hambre, hay muchas señales de nuestro cuerpo que lo indican: nos sentimos con poca energía, el estómago hace ruidos, nos duele la cabeza.

Pero esas señales tan evidentes suceden cuando ya han pasado muchas horas de nuestra comida anterior y estamos muy hambrientos.

Sin embargo el cuerpo tiene otras formas previas más sutiles de avisarnos que debemos comer. Parte de la señales se las debemos a la grelina: una hormona que se produce en el estómago.

La grelina participa en varias funciones relacionadas con la regulación del metabolismo energético, y entre ellas está la de indicar la sensación de hambre. Incluso suele llamársele la hormona del hambre.

A comer

Cuando tenemos el estómago vacío, unas horas después de haber ingerido la comida anterior, se produce la grelina, que viaja por el torrente sanguíneo, comunicando el sistema digestivo con el sistema nervioso.

Al llegar al cerebro, específicamente al hipotálamo, la grelina cumple la función de indicar que tenemos hambre y que es hora de comer. Y en el momento que comenzamos a ingerir comida, nuestro cuerpo comienza a poner en marcha los mecanismos de la saciedad.

Cuando la comida llega al estómago, este comienza a expandirse: eso lo detectan las células nerviosas que están en las paredes del estómago y a través del nervio vago, mandan la señal al cerebro de que el estómago se está llenando.

Sin embargo esa no es la única indicación que hay en el organismo: si tomamos mucha agua, el estómago también se expande, pero la sensación de saciedad nunca se comparará a cuando nos alimentamos.

Gracias, ya no quiero más

El agua no da la misma sensación de saciedad que la comida, porque el estómago además de detectar los cambios físicos, detecta los cambios químicos.

Al comenzar la digestión de los alimentos, estos se rompen en moléculas más pequeñas como aminoácidos, ácidos grasos y glucosa. Y cuando estas moléculas se transportan por el torrente sanguíneo, favorecen la producción de hormonas relacionadas con la saciedad.

Por ejemplo la colecistoquinina, es una hormona que se produce en el intestino delgado, que al llegar al hipotálamo hace que se reduzca la sensación de recompensa que nos da comer.

Esto hace que la comida nos empiece a parecer menos placentero comer y así empieza el camino a la saciedad.

Mientras comemos otras hormonas se producen en diferentes partes del cuerpo: por ejemplo la leptina, hace una labor contraria a la grelina: pues inactiva las neuronas que indican que tenemos hambre.

Así se completa un ciclo de hambre-satisfacción: que en realidad nunca se detiene mientras estamos vivos. Provecho.

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