logo
 /
Ciencia 11/07/2021

Ambiente: ¿todavía estamos a tiempo de detener la contaminación por plástico?

El cambio climático no debe ser nuestra única preocupación ambiental

El plástico es un material ubicuo: solo miren un momento a su alrededor y traten de nombrar algo en lo que no haya algún polímero sintético.

Desde los componentes de su celular, pasando por las suelas de sus zapatos, y las fibras sintéticas de su ropa: todo es plástico, igual que ese vaso desechable en el que toman su café.

A algunos objetos de este material les damos un uso de años, como a los neumáticos de los vehículos. Pero otros tardan más tiempo en producirse que en usarse y desecharse, como las bolsas en las que transportamos las sus compras.

Recientemente se han lanzado las alarmas sobre los plásticos de un solo uso, pero en realidad todos los materiales de este tipo que usamos cotidianamente terminan de una u otra forma en el ambiente.

Los seres humanos hemos logrado que los plásticos sean ubicuos de más de una forma: están no solamente a nuestro alrededor, en las ciudades, sino también en las playas, los océanos, los glaciares, las montañas.

Marea de plástico

Desde el aire que respiramos, hasta el suelo de regiones rurales: en prácticamente todos los rincones del planeta ahora es posible encontrar restos de plástico.

Microplásticos que respiramos y quizá bebemos en el agua: los plásticos inevitablemente terminan en el ambiente.

Contamos con evidencias de que, buena parte de los microplásticos que están en el aire, vienen del desgaste de los neumáticos de los autos. Y los vientos pueden extender esta contaminación a lugares muy alejados de caminos o ciudades.

A pesar de que en algunos países las regulaciones para el manejo de residuos son más estrictas, eso no detiene que haya “fuga” de materiales plásticos que contaminan.

Una de las limitaciones para lograr ese control está en el reciclado de los plásticos: a pesar de lo que muchas veces pensamos, no todos se pueden reciclar.

Incluso cuando puede hacerse, el reciclado es un proceso técnico muy complejo que requiere energía y recursos, a veces muchos más que los que se necesitan para producir plásticos “nuevos”.

Entonces, aunque como consumidores, pensemos que cuando “separamos” los plásticos estamos contribuyendo a disminuir este problema, en realidad su solución no es tan simple.

¿Ya es muy tarde?

Hasta hace poco prestábamos más atención al volumen de basura de plástico que generábamos: sin embargo ahora sabemos que ese no es el único problema.

Aunque las moléculas que forman a los plásticos son muy estables y pueden permanecer sin descomponerse décadas o siglos, no pasa lo mismo con una pieza de plástico: que puede deteriorarse y fragmentarse.

Con ese deterioro se forman los microplásticos: diminutos pedazos de plástico que se pueden esparcir más eficientemente por todos lados.

Así, casi es como casi sin notarlo hemos incorporado el plástico a la biósfera: podríamos hablar que así como hay un ciclo del agua, hay ahora un ciclo del plástico.

Ahí los microplásticos no solamente circulan, sino que su deterioro hace que las propiedades del plástico cambien: lo que hace más difícil entender cómo avanza esta contaminación.

Los especialistas en ciencias ambientales, consideran que el plástico es un contaminante poco reversible: es decir que es difícil mitigar los efectos que causa en el ambiente.

Por ejemplo ahora se estudia cómo los microplásticos pueden hacer más severos otros problemas ambientales como la pérdida de la biodiversidad o el cambio climático.

Si queremos que esto cambie, tal vez debemos poner atención a Matthew MacLeod, profesor de ciencias ambientales de la Universidad de Estocolmo:

“El costo de ignorar la acumulación de contaminación plástica persistente en el ambiente podría ser enorme. Lo más racional es actuar lo más rápido posible para reducir las emisiones de plástico”.