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Ciencia 08/06/2021

Rotíferos: los diminutos animales que pueden sobrevivir 24,000 años congelados

Le hacen competencia a los tardígrados, como unos de los seres más resistentes de la Tierra

Tomar una muestra del suelo y encontrar animales ancestrales congelados, para luego revivirlos, suena como argumento para una historia de ciencia ficción, pero en este caso solo es ciencia.

Eso fue lo que hizo un grupo de investigadores rusos, que recuperaron muestras del permafrost siberiano.

Ahí en ese suelo, permanentemente congelado, que siempre se encuentra a temperaturas alrededor de -10°C, encontraron rotíferos: un tipo de animales microscópicos.

Por las condiciones en las que se encontraban esos rotíferos estaban congelados: pero proporcionándoles las condiciones adecuadas, esos diminutos animales “revivieron”.

Suelos bajo cero

Los rotíferos son un grupo de animales de los que hay más de 2 mil especies, que están adaptadas para vivir sobre todo en ambientes húmedos: musgos, líquenes, cuerpos de agua dulce o salada y también los suelos con humedad.

Ese hábitat de suelos húmedos, era seguramente el de los rotíferos recientemente descongelados.

El permafrost es una capa de suelo, que por las condiciones del clima, está congelada permanentemente.

Esto no quiere decir que el suelo esté cubierto de hielo o nieve sino que, por las temperaturas a las que se encuentra, el agua que lo humedece está más abajo de su punto de congelación.

Entonces tal vez hace muchos años ese suelo no estaba congelado y ahí hacían sus vidas cientos de rotíferos bdelloideos, hasta que un día hizo mucho frío y se congelaron. Pero no murieron.

Hermanos de criptobiosis

Los bdelloideos son un tipo de rotíferos que han demostrado ser increíblemente resistentes a condiciones extremas.

Como los tardígrados, son animales microscópicos, pero multicelulares, que pueden soportar la falta de agua y radiaciones ionizantes: como la luz UV y los rayos X.

Por supuesto también soportan temperaturas bajo el punto de congelación del agua.

Tardígrados y rotíferos tienen algo en común: sobreviven a esas condiciones entrando en un estado de criptobiosis, en el que sus células se deshidratan y bajan sus funciones vitales al mínimo.

Cuando están en criptobiosis no pueden morir, pero como su metabolismo está en mínimo funcionamiento, no cumplen con muchas de las funciones de la vida.

Pero cuando las cosas mejoran, “regresan a la vida” y a sus actividades normales, como la reproducción: los bdelloideos tienen la particularidad de que se reproducen exclusivamente de forma asexual, por partenogénesis.

Hasta ahora, sabíamos que había rotíferos que habían podido regresar de la criptobiosis, después de 10 años, pero tendremos que hacer una corrección.

Rotíferos ancestrales

La investigación más reciente indica, que los rotíferos siberianos que regresaron a la vida, estuvieron en el permafrost aproximadamente 24,000 años.

Así es: cuando esos rotíferos bdelloideos entraron en criptobiosis, todavía existían mamuts sobre la Tierra, que como sabemos, ya no existen. Punto para los rotíferos.

El grupo de científicos del Instituto de Problemas Fisicoquímicos y Biológicos en Ciencias del Suelo, de Rusia, determinó el tiempo de permanencia de los rotíferos en el suelo, usando datación por radioisótopos.

Así pueden saber que estos diminutos animales realmente llevaban miles de años atrapados en el suelo, sin morir, aunque tampoco sin vivir mucho.

Sin embargo, pudieron “descongelarlos” con éxito e incluso estos increíbles animales comenzaron a vivir y entre otras cosas a reproducirse.

Una de las observaciones de la investigación sobre estos bdelloideos siberianos, es que al congelarse sus células soportan la formación de cristales de hielo: lo que para muchos seres vivos resultaría fatal.

Cómo es que estos bdelloideos logran sobrevivir miles de años, sigue siendo un misterio, en parte.

Pero algunas pistas apuntan a que las células de los rotíferos tienen mecanismos de reparación de su ADN, que minimiza los daños.

Saber más al respecto, incluso nos podría ayudar a conocer mecanismos a través de los cuáles podríamos conservar tejidos humanos o reparar nuestro ADN. Mientras eso pasa, no queda más que decir: larga vida a los rotíferos.