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Ciencia 22/06/2021

Covid-19: Las fiestas de cumpleaños aumentan el riesgo de contagio

Las reuniones sociales siguen siendo situaciones de riesgo, incluso si son pequeñas

Después de un año de que empezó la pandemia por el SARS-CoV-2 conocemos mucho más sobre su contagio: se da principalmente por vía aérea.

Por esa razón hay ciertas “medidas de seguridad” que se planteaban hace meses, que realmente no contribuyen a disminuir la transmisión del coronavirus: como la desinfección de superficies, habitaciones, objetos, suelas de zapatos, entre otras.

Saber esto, nos debería llevar a tomar en cuenta que las medidas más efectivas son las que impiden que respiremos el aire de otras personas: usar mascarillas, ventilar espacios cerrados y no estar en lugar con muchas personas.

Esto debería ser una guía sobre cuáles situaciones evitar, como las reuniones sociales.

Sin  embargo, evitar que las personas se junten es casi imposible y lo hemos visto: en el momento en el que se relajan las medidas estrictas de aislamiento social -o si nunca las hubo-, hay todo tipo de reuniones.

Contagio festivo

Ahora sabemos que esas reuniones pueden contribuir al contagio de covid-19.

Hasta ahora las evidencias eran más bien anecdóticas: algunos invitados de una boda que iniciaron una cadena de contagio; o un día festivo con la familia que se convirtió en un foco de infección.

Pero los resultados de un nuevo estudio sistemático muestra que eso no es solo una apreciación, ni un juicio a la ligera.

Un grupo de investigadores de salud pública, buscaron correlaciones entre las reuniones sociales y los casos de covid-19 en EE. UU. y encontraron que realmente las reuniones sociales son situaciones de un alto riesgo.

Especialmente tomaron en cuenta las situaciones de reuniones sociales pequeñas, y analizaron los datos alrededor de los cumpleaños.

Efecto cumpleaños

Para realizar el análisis, los investigadores revisaron los datos de contagios de 2.9 millones de hogares en EE. UU. y contrastaron las fechas con las de los cumpleaños de alguno de los habitantes de ese hogar.

Aunque como tal no contaban con la evidencia contundente de que se hubiera realizado una reunión en esos días, no es una suposición muy aventurada considerar que muchas personas organizaron “pequeñas reuniones familiares”.

Los resultados, publicados en la revista especializada JAMA Internal Medicine, muestran que el riesgo de contagio se elevó hasta en un 30%, en los hogares que habían celebrado un cumpleaños reciente.

Además notaron que los riesgos de contagio más altos estaban en hogares en los que el cumpleaños en cuestión era de un niño.

Las correlaciones de riesgo resultaron mayores, en lugares en los que de cualquier forma los contagios comunitarios eran más altos: pero eso quiere decir que entonces era más fácil que algún invitado llevara el virus a la reunión.

Mejor ser un aguafiestas

Incluso los mismo investigadores que realizaron el análisis se sorprendieron de que el aumento de riesgo de contagio fuera tan alto.

Uno de los autores principales, Christopher Whaley, investigador en salud pública, considera que esto podría explicar mucho de cómo se comportó la epidemia en EE. UU.:

“Creo que esto realmente habla de dónde vinieron muchas de las infecciones del año pasado”.

Es de llamar la atención que los cumpleaños infantiles tuvieron un mayor efecto sobre los contagios: con casi el doble de riesgo que los cumpleaños de adultos.

Podemos imaginar a muchos de los padres que organizaron esas reuniones: preocupados por el largo tiempo de aislamiento de los niños, pensando que era un buen momento para hacer un “festejo familiar”.

Y entonces, esa reunión, aunque no haya tenido demasiados invitados, seguramente tuvo poco control en la interacción de ellos, sobre todo de los más pequeños.

Ya sea con adultos o con niños ese tipo de reuniones pequeñas y familiares pueden ser de más riesgo, pues como dice Whaley:

“Psicológicamente, tal vez no consideras que tu familia y amigos tienen el mismo nivel de riesgo que el público general”.

Ojalá esto nos recuerde que las acciones pequeñas que hacemos todos los días nos sirven para protegernos de un contagio, pero también a los demás. Pues aunque lo deseamos, la pandemia no ha terminado y todavía no es momento de hacer fiestas.