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Ciencia 29/05/2021

Tardígrados: cómo son esos diminutos y resilientes animales

Estos animalitos microscópicos pueden sobrevivir a condiciones extremas

Los tardígrados son unos de los animales más fascinantes con los que compartimos el planeta.

Se trata de unos invertebrados diminutos: son de un tamaño similar al del punto que cierra este enunciado.

De modo que sus características físicas solo son visibles usando un microscopio: el primero en observarlos así, fue el zoólogo alemán Johann August Goeze, en 1773.

Por su apariencia rechoncha y con pequeñas patitas, Goeze los describió como kleiner Wasserbär, que quiere decir “pequeño oso de agua”, pues además al moverse le recordaron a los movimientos de un oso al andar.

Después, en 1777, el biólogo italiano Lazzaro Spallanzani, fue el que les dio el nombre tardígrados, que quiere decir “de andar lento”, por lo pausado de sus movimientos.

Donde viven los tardígrados

Todas las especies de tardígrados que conocemos ahora, forman parte de la misma división taxonómica, llamada justamente Tardigrada.

Si queremos encontrarlos no es necesario ir muy lejos: en tu propio jardín seguramente habitan muchos de ellos, en musgos o líquenes. Incluso podemos encontrarlos en el agua de un florero.

Pero también podemos ir muy alto, a los manantiales en la cima de los Himalaya, o también podemos ir a lugares de menor altitud, pues también los encontramos en sedimentos marinos de los océanos.

Hemos encontrado tardígrados en la helada tundra de la Antártida, pero también en lugares secos y calientes, como dunas desérticas.

En realidad  no hay lugar de la Tierra que no puedan habitar estos animalitos: eso por su asombrosa capacidad de adaptación y su resistencia.

Herbívoros y carnívoros

Es cierto que los tardígrados pueden parecer diminutos osos, claro si los osos tuvieran ocho patas, y una extraña cara que parece más de alien que de oso.

En sus patitas pueden tener tanto diminutas garras o ventosas, que les sirven para sostenerse de las superficies por las que se desplazan.

No tiene aparato circulatorio, ni respiratorio: en realidad todo el interior de su cuerpo está lleno de un fluido que transporta la sangre y el oxígeno.

Pero sí tienen un aparato digestivo: un canal alimenticio que atraviesa su cuerpo de un lado a otro.

Y aunque los términos “depredador” y “carnívoro” los asociamos en general a grandes animales terrestres, estos pequeñísimos animales también lo son: la mayoría se alimenta de plantas, algunos comen diminutos animales invertebrados como nemátodos.

Los tardígrados tienen diferenciación sexual, pero también pueden reproducirse de forma asexual, por partenogénesis.

Diminutos y casi inmortales

La vida nunca es fácil en este planeta, para nadie y eso incluye a estos extraños animalitos, pero cuando las cosas se ponen difícil para ellos tienen una forma muy particular de afrontar las circunstancias: detienen el tiempo.

No es que tengan los poderes del Dr. Strange: en realidad el tiempo sigue avanzando para ellos y para todos, pero su organismo detiene todas sus funciones para buscar sobrevivir.

Esto lo logran eliminando prácticamente toda el agua de su cuerpo y entrando en un estado de criptobiosis, en el que las funciones metabólicas de su organismo se detienen por completo.

Así pueden sobrevivir a condiciones tan extremas como la falta de agua, temperaturas bajas o muy altas, e incluso radiaciones muy dañinas.

No se les considera como organismos extremófilos, porque no están adaptados para vivir en esas condiciones, sino que más bien las sobreviven en un estado de “animación suspendida”.

Por esta increíble resistencia a veces se les considera como “animales inmortales”, pues además si las condiciones son adecuadas de nuevo y tienen de nuevo agua a su disposición, regresan de ese estado dormido a la vida activa.  

Pero esta impresionante capacidad de sobrevivir, no quiere decir que no puedan morir: mientras no estén en criptobiosis, pueden sufrir enfermedades o daños que puedan resultarles fatales.

Incluso en unos dos o tres años de “vida normal” los tardígrados alcanzan el final de su vida, como prácticamente todos los seres vivos.

De cualquier forma, estos pequeños y extraños animalitos no dejan de resultar intrigantes y fascinantes.