Especial Apolo 11: ¿Por qué hay un conejo en la Luna? Esta leyenda mexicana lo explica

Especial Apolo 11: ¿Por qué hay un conejo en la Luna? Esta leyenda mexicana lo explica

Estamos a nada del 50 aniversario del Apolo 11 y su alunizaje, el mejor momento para recordar la leyenda mexicana del conejo en la Luna.

La Luna siempre ha sido un gran misterio para los seres humanos, aunque muchas cosas se aclararon cuando el Apolo 11 alunizó por primera vez. Fue un día histórico que transcurrió hace ya 50 años, pero sigue muy vivo en la memoria de aquellos que tuvieron el placer de presenciarlo.

Sin embargo, mucho antes de ese histórico día en que el hombre dio un paso pequeño pero la humanidad uno gigante; muchas leyendas sobre el satélite natural de la Tierra fueron creadas. Entre ellas, la del conejo en la Luna, una leyenda mexicana que se le contaba a los niños pequeños hace mucho, mucho tiempo.

El conejo en la Luna que no fue encontrado por el Apolo 11

Especial Apolo 11: Esta es la leyenda mexicana del conejo en la Luna

Si eres mexicano, quizá ya hayas oído hablar sobre el famoso conejo en la Luna. Y si no, llegó el momento. La pregunta es, ¿cómo es que llegó un conejo hasta allá? Todo fue gracias al Dios Quetzalcóatl.

La leyenda: 

 

Un día, Quetzalcóatl, en su calidad de dios, decidió viajar por el mundo disfrazado como hombre (recordemos que es la serpiente emplumada). Un día, habiendo caminado durante casi 24 horas, supo lo que era sentir fatiga y hambre. Esto no le impidió seguir adelante hasta que se hizo de noche: después de todo, hablamos de un dios.

Al final, cuando la Luna hizo su aparición, el dios decidió descansar. Se sentó a la orilla del camino y ahí vio a un pequeño conejo que atacaba un bocadillo nocturno.

-¿Qué comes?  – Preguntó Quetzalcóatl.

-Zacate, ¿quieres un poco?  – Dijo el conejo.

-Eres muy amable, pero yo no puedo comer eso – Respondió el dios.

-¿Y entonces qué harás?

-Probablemente moriré de hambre y sed

El conejo se acercó al poderoso dios y le dijo:

-Sé que no soy nada más que un pequeño conejo, pero puedes comerme para no morir de hambre. Estoy aquí.

-Tus palabras me enternecen el corazón  – Dijo Quetzalcóatl  – Desde este momento, todo el mundo te recordará para siempre por tu bondad.

Entonces, Quetzalcóatl levantó al pequeño conejo alto, muy alto. Hasta la Luna que se asomaba detrás de algunas nubes. Así, la figura del conejo quedó plasmada en todo su esplendor.

-Ese es tu retrato en luz para que todos los hombres te recuerden durante todos los tiempos. Quizá tú no seas nada más que un pequeño conejo, pero el mundo para siempre se ha de acordar de ti.

Y fue justo así como un pequeño conejo llegó a quedar retratado en la Luna, para toda la eternidad. Sin embargo, el Apolo 11 no supo de él durante su estancia. ¿O sí?