Inventor francés vende una pastilla que puede hacer que tus pedos huelan a rosas

Inventor francés vende una pastilla que puede hacer que tus pedos huelan a rosas

Sólo bastaron doce años para lograrlo: ahora las puedes comprar desde todo el mundo y no pedarte horriblemente nunca más.

Hace ya más de una década, el francés Christian Poincheval se decidió a enfrentar el olor de las flatulencias con ciencia. Hoy, casi doce años después de comenzar a desarrollar su invento, vemos los resultados: una pastilla que hará que tus pedos huelan a cualquier cosa menos a pedo.

Díganle adiós a los días donde tu pareja te asfixia con su olor nauseabundo, o sufrir el escrutinio de tus amigos y conocidos en reuniones sociales. La pastilla se está comercializando, ofreciendo aromas para tus gases como chocolate, diferentes tipos de flores y hasta jengibre.

Según su propio creador, la idea detrás de tan raro producto nació luego de una cena muy flatulenta, donde sus invitados no pudieron soportar el horrible olor que emitían sus gases. En sus propias palabras: "Estábamos en una mesa con amigos después de una copiosa cena, cuando casi nos asfixiamos entre nosotros con lo hediondo de nuestros pedos. Ese gas tampoco fue muy bueno para nuestros vecinos de mesa, así que algo tuvimos que hacer al respecto".

Inventor francés vende una pastilla que puede hacer que tus pedos huelan a rosas

El francés creó una empresa, Lutin Malin (cuya traducción sería "astuto granuja") que comenzó una ardua tarea: las píldoras han estado vendiéndose en sus primeras versiones desde el año 2007, lo que representa más de una docena de años llenos de flatulencia.

Un suplemento dietético natural

El propio Poincheval asegura que las píldoras -que ya suenan a patraña desde acá- son hechas con ingredientes naturales, y que "los numerosos clientes que vuelven a comprarlas son, sin lugar a dudas, la mejor prueba de que funcionan".

Los productos salen desde Francia hacia el mundo, y sólo cuestan €19,90, por lo que probar tampoco es demasiado caro. Todo por no oler a cementerio la próxima vez que un gas salga de tu intestino grueso.