WhatsApp y Brasil: Historia de un bloqueo judicial y sus costos emocionales

WhatsApp y Brasil: Historia de un bloqueo judicial y sus costos emocionales

¿Brasil sin WhatsApp? Emociones versus habilidades en el manejo de la aplicación ante el bloqueo judicial en Brasil. Investigación de Marcelo Santos.

¿Te acuerdas la última vez que estuviste sin luz? ¿Sin Internet? ¿Te imaginas lo que sería tu vida sin WhatsApp por dos días completos?

Los brasileños tuvimos que imaginarlo el 16 de diciembre de 2015, cuándo una jueza ordenó el bloqueo del acceso a la aplicación en virtud de la negativa de la compañía de compartir las conversaciones de un usuario que era sujeto de una investigación criminal importante. Al darme cuenta de que variadas personas, con más o menos habilidades digitales, habían evadido el bloqueo, decidí investigarlo* y junto a Sebastián Valenzuela, Rayén Condeza y Ângela Brandão realizamos una encuesta sobre el bloqueo, respondida por más de 600 personas unos pocos días después del bloqueo.

En tiempos en que se especula que las elecciones presidenciales brasileñas pueden haber sido influenciadas en gran medida por fake news distribuidas por este medio, conocer mejor como la gente usa, se apropia, qué confianza tiene y cómo moviliza sus conocimientos y habilidades para realizar tareas de mediana complejidad tal como evadir el bloqueo de las direcciones IP brasileñas instalando una VPN para emular que estás en otro país, no atingido por el bloqueo. No sé el lector, pero yo, en aquél momento, no sabía exactamente como hacerlo.

Brasil gráfica

Hay que considerar, además, que una disrupción en la comunicación interpersonal como este bloqueo tiene alto impacto social, considerando que vivimos en una “era del contacto perpetuo” (Katz y Arkhauz, 2002, p. 2) en que los medios digitales se convierten en algo “mundano, ordinario y rutinario” (Baym, 2013, p. 5). Todo esto enmarcado en un contexto de ubicuidad digital (Ganesh y Stohl, 2013) en que los dispositivos digitales son parte banal de la vida cotidiana, tal como la plomería o la electricidad.

Como si esto no fuera suficiente, una aplicación como WhatsApp, considerada por muchos como una red social, tiene la particularidad de que es una comunicación en sistemas cerrados, no están sujetos a la exposición selectiva (mediada por los algoritmos) de Facebook o Instagram ni son netamente públicos como en Twitter; es una especie de red social digital cerrada. Esto permite que la comunicación entre las personas tenga un grado –al menos percibido- de privacidad más propio de una relación interpersonal que el comportamiento de tipo auto-marketing narcisista característico de quienes están constantemente calculando las ganancias para su auto-imagen en otras redes sociales que dejan al usuario más expuesto al escrutinio público. Esto abre la posibilidad de compartir contenido de carácter más íntimo de forma ubicua (Rubio-Romero y  de Espinosa, 2015) y continua pero fragmentada (O’hara et al., 2014).

El resultado es el predominio de la comunicación fática: los mensajes tienen poca relevancia informacional pero “un tremendo impacto en los sentimientos de conectividad y sociabilidad, entre otros, de los usuarios” (Yus, 2017, p. 66). Esto fomenta, en paralelo con las relaciones humanas, el desarrollo de una relación de intimidad y confianza con la misma plataforma (Church y Oliveira, 2013), pudiendo crear dependencia emocional  con el servicio e incluso una especie de adicción (Montag et al., 2015), entre otros disturbios psicológicos (Gimenez y Zirpoli, 2015).

Brasil Whatsapp

En este contexto, no es difícil imaginar los efectos emocionales de la ruptura autoritaria de los servicios para todos los usuarios –en ese momento alrededor de 100 millones solo en Brasil, algo como 10% del total de usuarios de la App en el mundo– como medida de presión para la plataforma compartir datos que supuestamente ni siquiera tendrían como hacerlo (Rowan 2014).  Más relevante aún es saber que, pese la complejidad de evadir un bloqueo como tal y la poca duración del bloqueo –una liminar desbloqueó la App tras menos de 13 horas de privación- nuestra investigación muestra que la mayoría de los brasileños (63%) intentaron y la mayoría de ellos lograron (71% de los que intentaron) llevar a cabo esta pequeña subversión, este micro-hackeo. En total, casi la mitad de los sujetos que respondieron a nuestra encuesta lograron evadir el bloqueo gracias a la instalación de una solución de VPN, algunos lo hicieron solos (49%), otros se informaron por internet (35%) y los demás tuvieron ayuda de alguien (16%).

En síntesis, más de un tercio de los usuarios que respondieron la encuesta logró evadir el bloqueo sin ayuda de otras personas, lo que nos llevaría tal vez a pensar que lo importante es solamente tener los conocimientos. Pero la encuesta reveló que son las emociones que movilizan dichos conocimientos y habilidades para llevar a cabo la acción de evadir el bloqueo. Altos niveles de agitación emocional –en este caso, emociones negativas ocasionadas por el bloqueo- hacen con que el usuario ponga en acción sus habilidades técnicas. Solo tener las habilidades no es suficiente y a la vez solo la respuesta emocional tampoco es suficiente. La concurrencia de ambas, emociones y habilidades, es lo que impulsa el cambio de comportamiento del usuario.

La cuestión de las emociones vinculadas al uso de WhatsApp debiera ser más explorada no solo con el fin de fundamentar políticas públicas de inclusión digital, pero también para comprender la real profundidad de los efectos de la comunicación persuasiva –sea de orden comercial, ideológica, religiosa o política como en el caso brasileño- a través de una plataforma con la cual el usuario ha desarrollado una relación afectiva importante.

* Esta investigación fue financiada parcialmente gracias a la adjudicación del Concurso de Apoyo a la Investigación de la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad Finis Terrae (CAI/2018) y es producto de una colaboración del autor de este texto con los investigadores Sebastián Valenzuela y Rayén Condeza de la Pontificia Universidad Católica y los ayudantes de investigación Matías Durán y Camilo Bustos, estudiantes de periodismo de la Universidad Finis Terrae.

Marcelo Luis B. dos Santos (@celoo) es doctor en Ciencias de la Comunicación y magíster en Semiótica. Actualmente es investigador del CIDOC (Centro de Investigación y Documentación) y docente en la Universidad Finis Terrae.