PlayerUnknown’s Battlegrounds, el videojuego fenómeno que se robó el 2017

PlayerUnknown’s Battlegrounds, el videojuego fenómeno que se robó el 2017

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Cómo un juego que partió en forma de mod se convirtió en un hit global.

La historia de los videojuegos post año 2000 nos ha mostrado como ideas que comienzan casi como una prueba en forma de mod se convierten en fenómenos globales que escapan a los más locos sueños de sus creadores. Pasó con Counter Strike, que partió siendo un mod del popular Half-Life y terminó en una franquicia casi viral. Pasó después con Defense of the Ancients (o DOTA), un mapa personalizado de Warcraft 3 que fue la primera piedra en el fenómeno League of Legends.

Y en 2017, pasó con PlayerUnknown’s Battlegrounds (también conocido como PUBG). Un juego que rompió con todas las expectativas de popularidad que nadie jamás imaginó y que se gestó al igual que Counter Strike y League of Legends: como un juego dentro de otro juego.

PlayerUnknown’s Battlegrounds se lanzó a la venta en modo early access en Steam en marzo de 2017 y se transformó en una bola de nieve, en parte gracias a lo sencillo y adictivo de su premisa y también en parte a la popularidad traída por plataformas como Twitch o YouTube. En abril, a un mes de su lanzamiento, PUBG alcanzó un millón de unidades vendidas, las que se duplicaron en mayo. En septiembre, la cifra subió a 15 millones. Y previo a su lanzamiento oficial en diciembre, PUBG vendió 24 millones de unidades en Steam.

Para entender la popularidad de un juego que pasó cerca de nueve meses a la venta en formato beta, plagado de errores e inconsistencias técnicas, hay que entender lo simple y sencillo de su premisa. PUBG es un título multijugador, donde al principio de la partida 100 jugadores caen desde un avión a una isla en medio del océano en la cual tienen que sobrevivir eliminándose entre ellos, mientras el área de juego gradualmente se va reduciendo; el ganador es el último que queda vivo.

No hay una historia detrás, no hay reglas complejas ni largos tutoriales que entender y al igual que en los juegos mencionados arriba, el gameplay es un loop infinito de un mismo escenario que se repite siempre con las mismas reglas y la misma base pero aún así, cada partida es completamente distinta a la anterior.

Al igual que en Counter Strike, al igual que en DOTA, al igual que en League of Legends.

Pero PUBG no siempre fue un juego stand alone como tal. Su creador es un solo hombre llamado Brendan Greene (cuyo seudónimo en internet es “PlayerUnknown”) que se inspiró en la película Battle Royale para crear un mod del juego ARMA 2. Greene, a diferencia de otros creadores de videojuegos, no es un genio de la programación ni nada por el estilo; en una entrevista a Rock Paper Shotgun, reveló que parte de sus conocimientos en diseño de videojuegos los adquirió a medida que fue modificando el juego y aprendiendo todo al vuelo.

El éxito de ese primer mod de Greene atrajo la atención de desarrolladores más establecidos. Sony Online Entertainment licenció la idea de juego para su propio juego de zombies y supervivencia H1Z1, mientras que la compañía surcoreana Bluehole Games vio en el trabajo de Greene una gema que necesitaba ser pulida y llevada un poco más lejos. ¿El resultado? El juego llamado PlayerUnknown’s Battleground.

Pero “pulida” es claramente un decir, porque uno de los puntos negros del juego desde su lanzamiento en early access hasta la versión 1.0 que llegó hacia fines de diciembre a Steam ha sido justamente la falta de pulido en el aspecto técnico. PUBG es un juego en general no muy optimizado y su rendimiento en general está (o estuvo durante meses) por debajo de lo que es “normal” en la mayoría de los juegos populares. Pero nada de eso pareció importarle a la comunidad; con el paso de los meses, la popularidad de PUBG ha opacado cualquier crítica hacia sus lastres técnicos.

Por sus características como juego -un shooter que se controla en primera o tercera persona-, el camino a consolas parecía cosa de tiempo; a diferencia de fenómenos similares como LoL, que son imposibles de trasladar al control de una consola, PUBG tenía el campo abierto para salir de su plataforma original. Microsoft, tal vez consciente de su necesidad de un gran hit que les permitiera cerrar la brecha con PlayStation 4, fue la primera en fichar el juego para Xbox One.

El estreno de PUBG en Xbox fue un reflejo de la versión original de PC: llena de errores técnicos que poco importaron a la comunidad, que se volcó en masa a la isla de PUBG y en apenas dos días, las ventas alcanzaron el millón de unidades.

“Una de las mejores formas de admiración es la imitación”, dicen por ahí. Y sí, la fórmula de PUBG ya se ha replicado, tanto en los varios clones que hay para celulares como en juegos más establecidos como Fortnite. Ese Fortnite, de Epic Games, existe desde hace varios años como un juego de sobrevivencia y construcción de bases y estructuras, pero durante 2017 fue actualizado con un modo tipo battle royale con básicamente las mismas reglas de PUBG.

Por supuesto, a Bluehole Games esto no le cayó muy bien debido a que PUBG se construye precisamente sobre tecnología licenciada a Epic Games (Unreal Engine).

Fortnite, el juego de Epic Games que “clonó” el modo battle royale de PUBG.

El 2017 que se va fue un buen año para los fanáticos de los videojuegos. Se estrenó una nueva consola -la Nintendo Switch- y prácticamente todos los meses salieron juegos de excelente calidad, hasta cerrar un ciclo que va a quedar en la memoria colectiva de los fans.

Y en medio de todo, cien en una isla: 2017 también va a ser recordado como el año de PUBG, que comenzó como un mísero mod creado por un tipo que jamás había hecho un videojuego y terminó como un juego a medio construir que, pese a todo, captó la atención y se metió al bolsillo a decenas de millones de jugadores.

En la industria de los videojuegos, estas cosas pasan una vez cada década.