Grandes pasos hacia adelante, pero varios hacia atrás.

El nuevo NBA 2K18 es mi tercer juego de basketball de la serie 2K. Antes era un mero entusiasta casual de este deporte y que con suerte sabía algunas reglas gracias al NBA Jam. Eso cambió después de un viaje donde viví la locura que generaba y bueno, me atraparon.

Compré el NBA 2K16 y después de una curva de aprendizaje más o menos larga, porque no es un juego fácil y con poca profundidad, logré estar cómodo y entender las mecánicas. Pasé por el del año pasado y en la versión 2K18 me encontré con cosas muy agradables y con otras que simplemente son incomprensibles.

La ventaja de los que saben

“Si hay algo que no está roto, no lo toques” es un cliché que se usa mucho porque es cierto. En lo que respecta a presentación y apartado gráfico, el juego es impecable y desde hace muchos años se ha convertido en una suerte de vara para medir los juegos de deporte. En eso 2K entrega de sobra, la atmósfera de las arenas, los comentarios, el pre-show, la inmersión, el público, los detalles y las animaciones, todo es increíble y este año es aún mejor, hasta se puede ver al público sacándose selfies, el nivel de detalle es enfermizo.

Desde hace mucho que lo visual y la jugabilidad son excelentes, pero ¿qué cambia este año? Específicamente y bajo mi lupa, hay aún más “personalidad” de los jugadores. Por ejemplo, driblear con Isaiah Thomas, un jugador rápido, pequeño y ágil es una sensación muy satisfactoria y llena de vértigo, donde si te aplicas practicando puedes lograr mucho en un sprint. Eso no va a pasar con un gigante como Porzingis, que por su porte y peso tiene sus atributos en otros lados.

Eso estaba presente el año pasado, pero en una capa mucho más genérica. Se recompensa conocer las habilidades, virtudes y defectos de los jugadores, porque cada ser humano de la liga está replicado casi a la perfección y cada uno tiene su estilo particular de juego. Si sabes qué favorece a quién y frente a qué, tus posibilidades de triunfo son mucho más altas y es un factor muchísimo más marcado que en entregas anteriores.

Cargas rápidas, al fin

En versiones pasadas el juego ha tenido tan marcada la característica de tener cargas lentas, que incluso crearon una suerte de “show de TV” (2KTV) con trivias y todo, para mostrar durante estos tiempos muertos. El año pasado era irrisorio el rendimiento del juego en ese aspecto, teniendo que esperar hasta cuatro minutos desde la selección de los equipos a que se estuviera jugando (al menos así era en la versión de Xbox One). Para qué contarles cuántas veces tuve que borrar mi archivo de guardado porque el juego se corrompía y no iniciaba. Estaban estos problemas técnicos que al fin y por obra de gracia de Michael Jordan (?) ya no están.

Las cargas en esta versión, al menos en la versión que probamos nosotros en PS4 Pro son de cerca de 35 segundos. Muy, pero muy rápidas para ser un NBA 2K.

Esteroides virtuales

En el modo MyCareer, donde personalizas un jugador a tal nivel que puedes escanear tu rostro y vivir una historia con narrativa de película (mala, pero película al fin y al cabo) este año está mal, lleno de buenas intenciones, pero con ideas muy mal ejecutadas.

En lo que respecta a la personalización, esta es excelente aunque esto no es propio de la edición actual porque hace mucho que viene bien. Sobre la historia, esta siempre ha sido algo vacía y carente de sentido, pero este año roza en el ridículo. Antes estabas en tu cancha privada y listo, aparecían los menús; ahora, hay un mini mundo abierto donde todo sucede y “compartes” con otros jugadores. De hecho solo ves animaciones raras de sus personajes moviéndose de forma extraña, aparecer y desaparecer.

¿Suena genial, no? En parte sí, porque le da más vida a un modo que suele ser bastante repetitivo, pero es muy tedioso tener que ir a una tienda de zapatillas, a una barbería, a un gimnasio, a un arcade y más si quiero cambiar algo. Vives en un menú y perder tanto tiempo en realizar cada acción, donde si quiero probar un nuevo peinado debo entrar y ver una suerte de cutscene de bienvenida y salida es honestamente molesto.

Además, todo cuesta dinero, todo. Este es fácil de conseguir, jugando partidos y teniendo buen rendimiento las monedas llegan fácil, pero es difícil de tragar que este micro mundo esté plagado de micro transacciones. Si fuera simplemente estético quizás lo toleraría, pero tus atributos como jugador se pueden inflar, y es así como te topas en línea con jugadores con los que simplemente no se puede competir y es aburrido tenerlos en tu equipo. Si tienes el dinero suficiente puedes ser una suerte de híbrido entre Lebron James y Steph Curry. Siento que la progresión con tu jugador es más lenta este año, como queriendo sin disimular que compres más y más.

Qué nos queda

En mi caso jugar con mis amigos y jugar de forma más casual es un placer. El juego tiene, aunque levemente, mejores gráficas y mejor jugabilidad, además de plantillas actualizadas. En ese aspecto, honestamente, no hay nada que reclamar. NBA 2K18 está orgánicamente muy bien logrado y que premie el conocimiento del jugador es algo fantástico.

Por su parte, el rendimiento del juego es bueno y jugarlo a 4K (aunque sea escalado) y en HDR es una experiencia recomendada a cualquiera, aunque no conozca bien el juego.

Pero la piedra en la zapatilla de este año es que un modo tan popular como MyCareer esté tan lleno de microtransacciones en un modelo pay-to-win (paga para ganar) demasiado evidente. En mi caso, como no soy un ser competitivo en este aspecto no me importa, pero es cosa de darse una vuelta para saber que los fanáticos de la saga no están muy contentos con eso. Y es tan notorio que es imposible pasarlo por alto.

NBA 2K18 está disponible en PS3, PS4, Xbox 360, Xbox One, PC y Nintendo Switch (USD $60). Copia de revisión facilitada por 2K Games.