Redes sociales y un empresario millenial: El fiasco del Fyre Festival

Redes sociales y un empresario millenial: El fiasco del Fyre Festival

Todo parecía ser un gran y lujoso festival en las fotos presentadas en redes sociales, pero finalmente no todo lo que brilla es oro.

Hace algunos días supimos el caso del Fyre Festival, un evento que prometía lujos, exclusividad y hermosos paisajes a sus asistentes pero que sin embargo resultó ser todo un fracaso. Y este artículo no pretende tirar más fuego a la hoguera para deleite de las redes sociales -ya que como medio de tecnología sería contraproducente de nuestra parte hacer algo como eso-, no obstante sí creemos que esto debe ser tomado como un llamado a la cordura por parte de quienes creen que todo lo que aparece en Facebook es real.

Algo que en estos tiempos es, lamentablemente, muy común: creer que las redes sociales son la realidad.

El Fyre Festival fue un evento organizado por el rapero Ja Rule y el empresario Billy McFarland con el fin de promocionar una aplicación móvil que agendaba eventos musicales y manejaba artistas por medio del teléfono o tablet, algo que por defecto ya suena bastante sospechoso considerando que el ticket de entrada costaba cerca de USD $1.500.

Si bien todos los usuarios fueron afectados por igual, debemos tener en cuenta que el paquete de lujo de este festival tenía un costo de USD $12.000, e incluía alojamiento en un domo amigable con el medio ambiente, comida de lujo y acceso al evento principal. Pero todo se quedó solo en promesas (y efectivamente así lo muestra su kit de prensa) ya que nada de lo anterior se cumplió.

Días antes de la realización de esta fiesta que duraría dos fines de semana, diversas voces comenzaron a advertir que la organización estaba tremendamente mal hecha y que existían no pocos problemas. Pese a ello, los influencers (personas con muchos seguidores en redes sociales) contratados para darle notoriedad al evento seguían subiendo material a sus redes sociales, prometiendo que todo estaría increíble.

Extasiados, entonces, por la necesidad de formar parte de una experiencia exclusiva y lujosa, los asistentes comenzaron llegaron al lugar en donde se realizarían los conciertos. Sin embargo, gracias a una copiosa lluvia y al poco (o nada, según vemos en la foto principal) preparado terreno baldío en el que se realizaría el evento, el lugar yacía inundado y en condiciones deplorables para albergar un festival de tal tamaño.

La producción trató de sacar a los asistentes del lugar, sin embargo en el proceso los vuelos fueron retrasados, las maletas se perdieron, hubo violencia por parte de los guardias, e incluso se descubrió que la comida de lujo resultó ser un sándwich de lechuga y queso. Todo mal para Ja Rule y Billy McFarland, ya que lo anterior dio como resultado una serie de demandas y acciones legales que por estos días se encuentran en curso.

Acá es cuando se tiene que analizar el rol de las redes sociales, ya que sin importar el alto costo del ticket básico (que no incluía transporte), estrellas de Instagram como Kendall Jenner, Bella Hadid y Emily Ratajkowski fueron contratadas para animar al público a asistir y a gastar su dinero en este viaje paradisíaco.

  • Problema número uno: sólo Ratajkowski dijo abiertamente que sus publicaciones en redes sociales eran pagadas, algo que se debe hacer por ley en los Estados Unidos.
  • Problema número dos: recientemente se supo que USD $250.000 fueron a parar a la cuenta personal de Kendall Jenner para realizar la acción antes mencionada, denotando de paso que el dinero del presupuesto fue malgastado en cosas que en realidad no era necesarias para llevar a cabo el evento.

No es necesario entrar en profundidad en temas psicológicos ni de marketing, sin embargo es por todos conocido que las marcas utilizan a rostros familiares para vendernos cosas, generando de esta manera una cercanía entre las empresas y sus respectivos clientes. Acá incluso podemos aplicar la teoría de los dos pasos de Paul Lazarsfeld, quien postulaba que, para hacer más comprensible una información, se necesitaba a la figura de un denominado líder de opinión para aterrizarla al nivel de los consumidores de noticias.

Esto lógicamente podría homologarse a la utilización de figuras de la farándula para vendernos algo que, en realidad, jamás necesitamos. Por otro lado, la necesidad de las personas por formar parte de un evento que sólo algunos pueden costear, es algo que vemos todos los años en los festivales de música que se realizan en una buena cantidad de países, incluyendo a Chile.

Quizá de pronto no es necesario resaltar que el rol que el mundo de la publicidad le asigna a las redes sociales es la herramienta más efectiva que poseen para alcanzar a nuevos públicos, teniendo en cuenta que el target del Fyre Festival eran los millennials ricos (aquellos que utilizan su teléfono como una extensión de sí mismos y que además tienen mucho dinero). No obstante, con ejemplos como este, a ratos se nos hace muy, demasiado necesario pensar más antes de caer en estas redes. Que a usted no le pase, estimado/a lector/a.