Darle un iPad a tu hijo se considera abuso infantil, según psicólogo

Darle un iPad a tu hijo se considera abuso infantil, según psicólogo

El mundo que se mira a través de la pantalla no es el real.

“Los niños ya vienen integrados con el chip de la tecnología” es una de las frases favoritas de aquellos padres nacidos en los 80 que ahora tienen hijos y los proveen de todos estos gadgets inexistentes en su infancia. Sin embargo, de acuerdo con el Dr. Richard House, especialista infantil y académico de la Universidad de Winchester, darle un iPad a un niño es una forma sutil de abuso paterno, ya que equivaldría a jugar a la ruleta rusa con el futuro del desarrollo de sus capacidades cognitivas.

Este es un asunto del que se viene hablando desde hace años, pero ahora vuelve a tomar relevancia. En una entrevista a Nursery World el Doctor manifestó que el hecho de que un niño observe imágenes y secuencias a través de la pantalla de una tablet, en vez del mundo real, puede conducir a una experiencia sobre el mundo indirecta y totalmente distorsionada:

(CC) snoopsmaus / Flickr

Esto puede confundir a los niños cuando apenas han comenzado a tener una idea de este mundo, la introducción a universos tecnológicos y virtuales, es sin duda una inversión absurda del orden natural de las cosas. Esto ya sucede con los adultos, y es aún más relevante para los niños pequeños cuyos cerebros aún están en etapas muy tempranas de desarrollo.

Según comparte en The Sun, el Dr. House, quien también es fundador de la organización Early Childhood Action (ECA), considera que “la arrogancia de la tecnología moderna” no tiene límites, ya que cree que el contenido de los dispositivos móviles proporcionan experiencias distorsionadas del mundo real, por lo que concluye que dar iPads a los bebés es equivalente a una especie de abuso infantil.

Los iPads y todas las tablets en general, ya son concebidos como un artículo común y atractivo para el mercado infantil. Las palabras del Dr. House pueden parecer extremistas, aunque sus observaciones tienen un fundamento innegable. Basta con hacer un breve recuento del tiempo que los niños pasan frente a la pantalla del dispositivo.