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Celebrando Star Wars

Los fans de Star Wars no distinguen entre colores, edades o razas.

¿Por qué después de tantos años -38 exactamente- Star Wars sigue dando motivos para celebrar? La pregunta es un poco difícil de responder, pero en general tiene que ver con el fanatismo que despierta en la gente. No por nada, Star Wars Celebration está lleno de personas que vienen de distintos lugares y distintas razas en general.

Así como Star Wars cuenta historias que mezclan tonos de piel y lugares tan distantes entre sí, los fans de Star Wars siguen un modelo similar.

Carlos Gentil es un asistente más al evento, como miles que compran su boleto. Es de origen latino pero su acento en inglés delata décadas viviendo en California. Y mientras sus hijos de no más de cinco años se sacan fotos al lado de un R2D2 de tamaño real, me cuenta que lo más emocionante es poder compartir con ellos algo con lo que él creció. “Nunca he tenido dinero para coleccionar cosas de Star Wars”, confiesa, “pero mis hijos sí se han interesado en las películas y poder compartir con ellos la experiencia es algo que para mi no tiene precio”.

Esa “experiencia Star Wars” es transversal a la gran mayoría de los fans que consumen todo lo que diferentes tiendas llegan a vender. Porque a diferencia de otros eventos como E3 donde los artículos se regalan a los asistentes, en Star Wars Celebration todo tiene un precio. Quien asista, además de pagar su entrada, sabe que debe destinar dinero si quiere llevarse un recuerdo físico.

Pero a pocos parece importarle. Amy Smith se pasea vestida de jedi; debe rondar los 40 años de edad y, pese a que vive cerca de Anaheim, prácticamente quedó en bancarrota para poder costear la entrada y seguramente también su disfraz. Todo sea por decir presente: “Esto lo es todo para mi. Es segunda vez que voy a una Star Wars Celebration y si bien acabo de graduarme de un máster hacer unas semanas, esto lo supera”.

Amy estuvo en la Star Wars Celebration de 2008 y en siete años, su fanatismo por Star Wars no ha decaído, sino al contrario. Aún así, confiesa que venía un poco “intranquila” por lo que se iba a mostrar en El Despertar de la Fuerza. “Pensé que lo iban a arruinar todo, no tenía ninguna esperanza”.

“Pero ví el nuevo tráiler y casi me puse a llorar. Ahora cambié de opinión y pienso que sí, que va a salir bien”.

Afuera del Convention Center, Manuel Cruz controla un R2D2 de tamaño real. El robot tiene luces, se mueve, hace sonidos, etcétera; todo lo que uno esperaría de una réplica. “Lo construí yo solo, completamente desde cero, tiene varias partes de madera y la batería me dura como seis horas”, dice Manuel. “No está terminado aún, me faltan algunas cosas pero con lo que tiene es suficiente para traerlo y hacerlo dar vueltas por ahí”.

Pero Manuel no está en Star Wars Celebration solo para mostrar su creación. “Vine porque aquí están mis amigos. A muchos los veo una vez cada tres años”. La vez anterior fue en la Star War Celebration en Florida y cruzó prácticamente todo el país de oeste a este -vive en Los Angeles- solo para poder presentarle al resto de los fans su auto, también modificado al estilo Star Wars.

Y es que para esos fans, el amor por Star Wars no es solamente consumir el material que saca Lucas Film sin parar. También se trata de hacer algo por los demás, dejarles algo. Que el disfraz sea el mejor posible para que así la foto del recuerdo con otro fan sea también la mejor posible. No importa que la temperatura ambiente sea alta. Nadie se saca el disfraz de Darth Vader porque siempre está la chance de hacer una foto más.

Aún así, a medida que pasan las horas y cae la tarde, algunos trajes empiezan a verse incompletos. Es parte del encanto del evento, tal como lo es una foto de un set de grabación donde los actores están sin el casco de Stormtrooper. Pero el espíritu sigue arriba.

Es viernes y durante las últimas horas del día me encuentro en la entrada del Convention Center con Tony Olaf, un estadounidense de 55 años que porta una (falsa) espada láser. Me llama la atención no por su disfraz -que de sofisticado no tiene nada-, sino por simplemente estar de pie en medio de la multitud observando con expresión de felicidad. No busca fotos ni tampoco hay alguien buscando fotos con él.

“He sido fanático de Star Wars desde la primera”, me comenta Tony. “Tenía 17 años y ya era fan de la ciencia ficción, estaba en un club de ciencia ficción en el colegio. Así que cuando se estrenó A New Hope, me subí a un bus y fui a verla. Me voló la mente”. Tony está emocionado al hablar de algo que realmente disfruta.

“Me gusta que con la nueva película vuelvan un poco más a lo que fueron los efectos especiales de la vieja escuela. También me gustó lo que hizo George Lucas con la tecnología digital y el CGI, pero pienso que lo antiguo queda mejor, donde había personas controlando los efectos especiales”. Tony me resalta varias veces que sí le gustó la “primera” trilogía, aunque también recuerda las inconsistencias en las edades de los actores de Anakin Skywalker y Padme Amidala.

Al día siguiente me volví a cruzar con Tony, ahora dentro del salón principal. Tenía la misma expresión de emoción mientras vitrineaba espadas láser en un stand cualquiera.

El éxito de Star Wars Celebration como evento le debe mucho a la diversidad de sus asistentes. Es un lugar donde la edad, la raza, el género o el disfraz son irrelevantes. Los que están ahí están para celebrar Star Wars y pasar un buen rato ya sea viendo amigos, repetiéndose las películas por enésima vez, participando en la foto oficial, recorriendo los stands para comprarlo todo o tal vez no comprar nada. Da igual. Lo importante es celebrar.

Con el cierre del evento, Anaheim volverá a la normalidad. Algunos de los asistentes recorrerán 20 minutos hasta llegar a su casa; otros, 20 horas hacia distintos países y continentes. Pero todos con algo en común: igual que Amy, Carlos, Manuel o Tony, todos fueron y celebraron a Star Wars.