Evaluar la transición a la TDT en México

Evaluar la transición a la TDT en México

Durante 2015, el gobierno mexicano repartirá 13.8 millones de pantallas digitales en hogares de escasos recursos como parte de su plan para la transición a la Televisión Digital Terrestre (TDT), que representa un gasto de $26.000 millones de pesos del erario, USD $1.770 millones aproximadamente. El objetivo de esta política pública es brindar un receptor a los hogares beneficiarios de programas federales de desarrollo social cuyos recursos no les permitirían hacer la transición por sí mismos para completar el apagón analógico este año, como indica la constitución.

El uso de recursos públicos y el compromiso de apoyar a estos hogares obliga a tener criterios para evaluar esta política pública en términos de su eficacia, el impacto en la población y si fue una medida efectiva para cumplir con el mandato legal.

Reemplazo o acceso

Los 13,8 millones de televisores no serán suficientes para cubrir a toda la población que no tiene acceso a la TDT. Los últimos datos del Inegi en su Módulo sobre Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información en los Hogares (MODUTIH) permiten contabilizar 31.3 millones hogares en México, de los cuales 1.6 millones no tienen televisión (5.1%) y 14.5 millones dependen de la señal abierta analógica (46.2%). Esto presenta la primer interrogante para evaluar posteriormente la política TDT del gobierno federal, ¿se deben tener en cuenta todos los hogares, incluso los que no tienen televisor, o sólo aquellos que ya cuentan con uno, pero dependen de señales analógicas radiodifundidas?

El programa de la SCT no establece de manera explícita que serán excluidos los hogares sin televisor. De hecho, entre sus objetivos está expandir el acceso a las TIC. En este sentido, un enfoque centrado en el acceso puede considerar 16,1 millones de hogares que resultan de la combinación de hogares sin televisor y telehogares dependientes de señales abiertas analógicas. En cambio, una óptica centrada en el reemplazo de equipos, puede optar por observar una población de 14,5 millones de hogares a nivel nacional.

Los 13,8 millones de pantallas dejarán una porción de la población que deberá transitar por su cuenta, 2,3 millones de hogares si tenemos en cuenta los que carecen de cualquier tipo de receptor, o bien, si el programa sólo se enfoca en atender hogares que tienen televisor analógico y dependen de señales radiodifundidas, 717.058 hogares tendrían que enfrentar el apagón analógico sin apoyos gubernamentales directos. En realidad se anticipa que esta política pública considere estos dos tipos de hogares, pues se basa en un padrón de beneficiarios de programas de desarrollo social.

La población sin acceso al programa de reparto de pantallas y con interés en seguir recibiendo señales de televisión abierta enfrentará entonces un gasto que puede rondar entre los $600 pesos en caso de requerir sólo un decodificador, o bien, más de $3.000 pesos si decide adquirir una televisión digital (la SCT estima en su programa de trabajo que el costo promedio en el mercado de una pantalla digital es de $3.741 pesos).  Si cada uno de estos hogares adquiriera un televisor en ese costo, el gasto total de los hogares superaría los $8.700 millones de pesos pesos a nivel nacional.

Desde luego que los hogares responderán al apagón analógico de diferentes maneras dependiendo de su ingreso y zona de residencia. Por ejemplo, un hogar en zona rural probablemente tendrá menos ingresos para este fin y tendería a elegir una opción más económica, como un decodificador. En cambio, un hogar urbano podría tener más ingresos y podría elegir entre paquetes de televisión restringida básicos, o una variedad de electrónicos de consumo más amplia.

También es determinante el interés en la televisión, pues esta tecnología no es la única por la que se consume entretenimiento en la actualidad. Un hogar con acceso a banda ancha y otros dispositivos puede elegir sólo consumir video mediante Internet y prescindir de televisión abierta o restringida.

Asimetrías regionales

Revisar el estado de la TDT en el país a nivel nacional permite una evaluación parcial de esta política pública. Es necesario tener en cuenta que hay estados como Chiapas o Oaxaca donde hay 16% de hogares que no tienen televisión, muy por encima de la media nacional. En estos lugares, la entrega de una pantalla puede tener un mayor impacto que en lugares como el área metropolitana de Monterrey o la Ciudad de México, donde los hogares sin televisión representan 1 por ciento.

Así, si en una de estas ciudades o regiones con disponibilidad de televisión el programa deja sin atender una cantidad notoria de hogares que no tienen acceso a la TDT, deberá formularse la pregunta de si o hubiera sido más eficiente un programa de receptores más económicos, como decodificadores, y criterios basados en la pobreza de los hogares en relación con su ingreso para atender a más hogares que los que están inscritos en programas federales.

El mismo esquema de apagones analógicos se basa en garantizar que exista una penetración por región por encima de 90% de los hogares vulnerables por regiones, lo que resalta la importancia del enfoque local. La evaluación posterior también deberá contemplar una óptica local o regional para evaluar si este gasto de recursos públicos atendió efectivamente a la población, o si hubiera sido preferible un esquema alternativo. De igual manera, este enfoque también servirá para entender  las alternativas disponibles para los hogares que no recibieron el apoyo y su factibilidad en relación al ingreso.

El objetivo de esta política pública no es garantizar que 100% de los hogares tenga acceso a la TDT, pero el uso de recursos públicos está sujeto al escrutinio y al análisis del beneficio e impacto. En un año en el que los servicios de video sobre Internet seguirán desplazando a la televisión abierta como fuente de entretenimiento, el gobierno mexicano tiene la tarea de ejecutar el programa en el plazo señalado para brindar un apoyo a hogares cuya opción más realista sea continuar recibiendo señales radiodifundidas.

Portada (cc) Horst Hirsekorn