La protesta mexicana es una protesta global

La protesta mexicana es una protesta global

Internet ha permitido internacionalizar la tragedia de Ayotzinapa y darle fuerza al movimiento social mexicano.

Me atrevo a afirmar que, salvo contadas excepciones, no hay un país en el mundo que no tenga al menos una noción del momento turbulento que vive México. Como mexicano, he recibido varias muestras de solidaridad de colegas y amigos en España, Chile, Colombia, Uruguay, Francia, entre otros.

Mi país, inmerso en un momento de crisis de gobernabilidad y de manifestación social, es seguido con atención por la mirada internacional. Hoy, como nunca, la protesta mexicana es una protesta global.

Con Internet, los asuntos locales se vuelven fácilmente de interés mundial. México es un país donde, tristemente, las desapariciones y las ejecuciones se han vuelto algo cotidiano. Basta con dar un vistazo al mapa de Por Todos los Desaparecidos para darse cuenta de las dimensiones del problema: 27 mil personas según la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

No se puede decir que la tragedia de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa sea la más cruenta de los últimos años; tenemos, por ejemplo, otros casos recientes como las masacres de San Fernando en 2010 y en 2011, cuya naturaleza es igual de indignante. Mas el desenvolvimiento de los sucesos –para un rápido resumen, sugiero consultar este mapa cronológico– ha facilitado que la comunidad internacional voltee hacia el país, con lo que se ejerce una inusitada presión sobre el gobierno mexicano.

Del #AyotzinapaSomosTodos al #FueElEstado

Para entender el papel de Internet en la protesta mexicana, es necesario hacer un recuento breve. El 26 de septiembre de 2014, un grupo de estudiantes (normalistas) tomó control de dos autobuses para ir a la ciudad de Iguala, en el estado de Guerrero. Ante el temor de que los alumnos boicotearan un evento de la esposa del alcalde José Luis Abarca, éste ordenó a la policía de Cocula –una población cercana a Iguala– que confrontara a los estudiantes. El saldo fue de 6 muertos, 25 heridos y 43 desaparecidos.

El 30 de septiembre, el alcalde Abarca solicitó una licencia (separación temporal) de su cargo y huyó. El gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, ordenó una investigación que culminó en la detención de los policías involucrados.

Fue hasta el 4 de octubre que el gobierno federal se involucró, tras la aparición de una fosa con 29 cadáveres en Pueblo Viejo (población cercana a Iguala). Al día siguiente, se da a conocer que la policía de Cocula entregó a los 43 estudiantes a una agrupación del narco llamada Guerreros Unidos y que el alcalde Abarca y su esposa formaban parte del grupo delictivo.

El escándalo comenzó a tomar fuerza en redes sociales mediante la etiqueta #AyotzinapaSomosTodos, especialmente con grupos universitarios que planeaban protestas y huelgas en diversos planteles.

El 14 de octubre, el procurador general Jesús Murillo Karam reveló que los cadáveres de la fosa de Pueblo Viejo no coincidían con los 43 desaparecidos, lo que elevó la tensión social. El resultado fue el surgimiento de #AcciónGlobalAyotzinapa, usado para coordinar manifestación dentro y fuera del país.

El 22 de octubre marca un punto de inflexión en la protesta. En la jornada llamada Global Action Day, los manifestantes llevaron los mensajes de Twitter y Facebook a las calles. En la noche, un grupo de artistas (@rexiste) escenificó un performance sobre el Zócalo de la Ciudad de México (principal plaza de la ciudad), e iluminó con velas la frase “Fue El Estado”.

La fotografía tomada por el sitio Webcams de México se convirtió rápidamente en un fenómeno viral y el lema (cuyo objetivo es resaltar la responsabilidad del Estado mexicano en el incidente) se volvió un grito de batalla.

#YaMeCansé: la inconformidad viral y la documentación de abusos

El 7 de noviembre, el procurador Murillo Karam llamó a una rueda de prensa para informar sobre los resultados de su investigación. En un mensaje emitido en cadena nacional y por medio de YouTube, Murillo Karam indicó que, de acuerdo con confesiones obtenidas por la agencia, los desaparecidos habían sido asesinados, incinerados durante horas en una hoguera y luego sus restos fueron lanzados al río en bolsas de basura.

Sin embargo, el momento que se llevó la conferencia de prensa fue la reacción de Murillo Karam ante las preguntas de los periodistas. El procurador dio por cerrada la sesión de preguntas y respuestas con un secante “Ya me cansé” (min: 58:20).

La frase fue rápidamente retomada en redes sociales y se convirtió en otra de las consignas de la protesta. En consecuencia, rápidamente se gestaron manifestaciones en la capital y otras ciudades para la noche del viernes 7 y el sábado 8.

La noche del sábado 8, un contingente avanzó hacia las puertas del Palacio Nacional (ubicado a un costado del Zócalo de la Ciudad de México), donde un grupo de personas –radicales, según unas versiones; infiltrados del gobierno, según otras– prendieron fuego a la puerta del recinto.

El suceso acaparó las portadas de los medios al día siguiente, mientras que en Twitter y Facebook, surgieron condenas contra la violencia en las manifestaciones –que han sido, hasta ahora, mayormente pacíficas–.

Las redes nuevamente demostraron su valía cuando se supo de la detención arbitraria de personas que estaban cerca de la protesta. Por ejemplo, al día siguiente hubo una movilización para liberar a Juan Francisco Manrique Huerta, un estudiante que fue detenido por documentar los abusos policiales (en México, la ley garantiza el derecho a grabar y documentar las acciones de la policía). En YouTube se subieron testimonios de acompañantes para dar voz al caso.

Esto ha conducido a que, para futuras manifestaciones (como la que tendrá lugar este 20 de noviembre), la sociedad se organice con el fin de evitar que existan personas infiltradas en las manifestaciones; para ello, circularon infografías y volantes con instrucciones para marchar de manera pacífica.

Otro mecanismo que se ha empleado es el exordio a mantenerse en contacto mediante redes sociales o mensajes de texto, así como la documentación de la marcha y de posibles abusos policiales. Incluso una organización lanzó un kit para manifestantes que incluye los formatos para tramitar un amparo en caso de ser detenido de forma arbitraria.

Asimismo, el momento ha facilitado que otros cuestionamientos sobre la administración de Peña Nieto encuentren un caldo de cultivo fértil. La revelación de una mansión valuada en USD $7 millones, propiedad de la primera dama y financiada por un grupo constructor favorecido por Peña durante su etapa de gobernador, destapó otra cloaca sobre transparencia y rendición de cuentas.

Ésta es otra crisis de legitimidad que se cierne sobre el presidente cuyo origen, por cierto, es una investigación periodística independiente surgida de un sitio web y difundida mediante YouTube.

La protesta global

Ante ambos casos, la prensa internacional ha puesto el foco en la situación de México. Numerosas muestras de apoyo se han replicado en diferentes países a raíz de los acontecimientos, como reporta hoy la cuenta @Factico_mx:

 

 

 

 

 

 

Es difícil predecir qué alcances tendrá este movimiento. Por lo pronto, el tema de la casa ha sido suficiente para obligar al presidente Peña Nieto a presentar nuevamente su declaración patrimonial de forma pública. La difusión internacional es ahora una de las herramientas clave de la sociedad mexicana, ya que Internet puede aportar transparencia y contrapeso a las versiones oficiales; puede dar rostro y voz a aquellos que protestan, aquellos que llevan las redes a las calles.

Enhorabuena que el mundo esté pendiente, porque así el grito de uno es el grito de muchos. Es lo que más necesitamos.