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Dragon Age: Inquisition [NB Labs]

El mejor Dragon Age.

Plataforma: PS4 (analizada), PC (analizada), One, PS3, 360
Desarrollador: Bioware
Distribuidor: Electronic Arts

Luego de rebasar las sesenta horas de juego solo pienso una cosa: me habría encantado que Dragon Age: Inquisition hubiera llegado en junio. Así tendría dos meses para encerrarme en la recámara sin tener contacto con el mundo exterior. Salvar a Thedas no es tarea sencilla, mucho menos recolectar cada planta de Elfroot que se encuentra en el camino.

Dragon Age: Inquisition es la tercera parte de una saga relativamente joven que refleja por qué BioWare es uno de los mejores estudios que existen en la industria. Los desarrolladores se tomaron en serio las críticas de Dragon Age II y nuevamente ofrecen una experiencia digna de competir por el juego del año.

La adopción del Frostbite 3 como motor gráfico llega con varios cambios, el más evidente es una experiencia de juego de mundo abierto. Los escenarios son gigantescos y las pantallas de carga no existen, a menos que decidas cambiar de región. Por momentos se siente como Skyrim, luego como World of Warcraft, pero en ningún momento deja de ser Dragon Age.

Visita obligada a Dragon Age Keep

Sin entrar en detalles de la historia, Inquisition toma una estructura similar a Origins. El mundo está en peligro, tu eres la única persona que puede salvarlo pero el mal es tan grande que necesitarás toda la ayuda posible. Tu deber será convencerlos para unirse a la causa y para esto deberás realizar diversos quests.

La historia de Dragon Age es compleja y si este es tu primer juego la recomendación es que antes de te des una vuelta por Dragon Age Keep, una aplicación web creada por BioWare y EA que te ayudarán a entender mejor las cosas que pasaron en los juegos anteriores. Si jugaste al menos uno la parada es más que obligatoria ya que por medio de tu cuenta de Origin (antes BioWare) podrás importar tu avance.

El Keep permite crear un mundo basado en tus acciones que podrá ser exportado a Inquisition y ver sus efectos. En mi caso jugué los dos títulos, el primero casi en su totalidad y es increíble ver la cantidad de referencias o apariciones que existen, algunas incluso te dejarán sin aliento.

Como todo RPG de fantasía la oferta de razas incluye humano, elfo y enano con la posibilidad de ser guerrero, pícaro o mago (excepto el enano porque enanos magos es sacrilegio). La novedad es la raza Qunari, esos gigantes con cuernos que son perfectos para usarlos como tanque. El sistema de creación de personaje es uno de los más completos que hay para un RPG y se pone al nivel de Skyrim.

La selección inicial limita el armamento y las habilidades disponibles. Cada clase tiene cuatro árboles de especialización que podrás llenar con puntos de experiencia ganados al subir de nivel. Debido a que el objetivo del juego es hacerte de aliados, es increible el poder de personalización que tienes para tener el grupo perfecto.

Por ejemplo, si tu personaje está creado para pelear con escudo, puedes especializar a otro aliado exclusivamente con pelea a dos manos. En mis sesiones siempre acostumbro llevar a dos tanques y uno o dos magos. Puedes enfocar a uno en hielo, otro en fuego o hacer mezclas interesantes. Lo mismo con la clase de pícaro que tiene la posibilidad de atacar sin ser visto o llenar las armas con veneno.

Debido a la variedad de misiones y lo nutrido de tus aliados, es posible crear una experiencia personalizada para triunfar en cada escenario. En caso de equivocarte siempre podrás intercambiar monedas por un amuleto que permite reajustar los puntos en otro árbol de habilidades.

Un mundo de posibilidades

La llegada de un mundo abierto implica ajustes en la jugabilidad. Thedas está dividido en diversas regiones que podrás explorar a tu antojo en un grupo de cuatro personajes. El objetivo principal es ganar influencia y adeptos al movimiento que representas. Para lograrlo deberás cumplir diversas misiones que otorgan puntos de poder, estos sirven para desbloquear más misiones y nuevas regiones en el mapa principal.

En la base Dragon Age es un juego de exploración en donde matarás pequeños grupos de enemigos para ganar experiencia y mejorar a tu personaje. Un cambio radical comparado con sus antecesores es la desaparición de la regeneración de tu barra de salud o los hechizos curativos. El juego ofrece cierto número de pociones que podrán recargarse al encontrar un campamento o una caja de refill.

Este cambio es interesante, primero porque te obliga a pensar el curso de acción en cada pelea y segundo porque aprovecha la ventaja de explorar el mapa para establecer campamentos en diversos puntos. Los campamentos son lugares para recuperar la energía, cambiar a tu grupo y ver requerimientos de misiones específicas. Lo mejor de todo es que ofrecen un Fast Travel entre ellos para acercarnos a diversas regiones del mapa.

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad

A diferencia del primer Dragon Age, en Inquisition las peleas contra enemigos comunes vienen en dosis pequeñas. A veces son tres, otras seis enemigos en pantalla pero nunca para sentirte abrumado. Lo cierto es que esos cinco enemigos pueden hacerte pasar un mal rato si no tienes el nivel suficiente para enfrentarlos.

Al igual que en un MMOG, algunas zonas del mapa tienen enemigos poderosos que te matarán con pocos movimientos. Aquí valdrá la pena rodear y regresar a cumplirlas cuando ganes más experiencia.

La cámara táctica está de regreso y te permite pausar el juego para dar instrucciones a cada uno de tus aliados. En niveles más avanzados se vuelve muy útil, sobre todo cuando te enfrentas con los dragones. Hubiera sido increíble que BioWare añadiera controles para el zoom o una cola para poder programar dos o tres comandos extra.

Algo que me gustó es que se mantiene la coherencia de los side-quests con la historia y la percepción que tiene el mundo de ti. La fama que ganas como inquisidor define tu relación con tu grupo y las posibles alianzas. Sumado a las misiones hay una capa extra a nivel planeación en la que intervienen decisiones militares o diplomáticas que son ejecutadas por tus asesores.

Cuando no mates enemigos bien podrás recoger hierbas o minerales para producir pociones o mejorar tus armas. Inquisition toma prestado el medallón de The Witcher 2, una mecánica que al presionar un botón ilumina temporalmente los objetos con los que puedes interactuar en el campo. Esto es útil para encontrar la infame cantidad de Elfroot que recolectarás a lo largo de tu aventura.

La mejora de armas es un apartado que me agradó bastante. Al igual que las pociones se requiere de una “receta” para armas o armadura, esta permite crear piezas completas o partes específicas (hoja, empuñadura, runas, etc) para hacerla más poderosa. Este apartado es una alternativa para aquellos que gustan de explorar y recolectar cosas.

Sin arruinar la historia con spoilers me limito a decir que el manejo de ella es increíble. Las primeras 20 horas ofrecen un panorama ideal para desarrollar a tu personaje e interactuar con tu grupo de aliados o los diversos NPCs. La mirada estará puesta más en el mundo y las diversas opciones que ofrece a nivel jugable la existencia del mundo abierto. En mi caso invertí muchísimo, casi todo el tiempo posible conociendo a todos y cada uno de los ellos, agotando cada árbol de diálogo y leyendo un 80% de los documentos que encontraba.

Conocer a tus aliados es bueno también si no jugaste los títulos anteriores ya que algunos de ellos te contarán historias del Archdemon o Kirkwall. BioWare no ha dejado de lado las conversaciones casuales, esas que ocurren mientras exploras el mapa y que a ratos te sacarán una sonrisa.

Después de ese periodo y de avanzar considerablemente en la trama ocurrirá algo que servirá para darte cuenta de la importancia de tu personaje y de cómo tus acciones ayudarán a forjar las siguientes 30+ horas de juego.

El poder del Frostbite 3

Cuando escuchamos Frostbite no podemos evitar asociar la palabra con buenos gráficos. En este apartado Dragon Age Inquisition cumple y no solo eso, sino que mantiene un buen nivel de detalle en las tres plataformas. Para esta reseña utilizamos la versión de PlayStation 4, sin embargo echamos un vistazo a algunas opciones gráficas en la versión de PC.

Comparadas con PC las versiones de consola cuentan con un nivel de detalle personalizado que oscila entre medio y alto. Por ejemplo el nivel de teselación o sombras es medio mientras que el post-procesado se encuentra en alto. En ambas consolas el conteo de cuadros está bloqueado a 30 y las resoluciones son de 1080p para PS4 y 900p para Xbox One.

La versión de PC cuenta con más opciones para mejorar el detalle. En un equipo de media tabla (Intel Core i5 4670K @ 4.2 GHz, 16GB RAM, GeForce GTX 760) puede correrse a nivel alto con un conteo de cuadros fluido a 40-50. El cambio a Ultra requiere de una mejor tarjeta de video, aunque honestamente el nivel de detalle adicional no amerita el gasto.

El trabajo de optimización que hizo BioWare es sorprendente. A primera vista las tres versiones no cuentan con diferencias abismales y puedes comprarlo en aquella plataforma en la que te sientas más cómodo. En mi caso me gustó mucho jugarlo en PS4 pero tengo la firme intención de empezar una nueva partida en PC para aprovechar los cambios en la interfaz de usuario ya que soy fanático de tener una línea entera con los movimientos de mi personaje.

Inquisition también tiene un modo multijugador cooperativo para cuatro personas en el que enfrentas hordas de enemigos. Lo jugué menos de diez veces y no terminó por engancharme. Solo hay tres mapas y debes de crear a un personaje desde cero para irlo nivelando conforme ganas partidas. Las misiones ofrecen experiencia y dinero con el que podrás comprar cofres con pociones y items al azar.

Esta limitante y la presencia de microtransacciones me hacen pensar que el multijugador fue un requisito de EA para BioWare. Lo bueno es que pueden ignorarlo ya que no aporta nada a la experiencia del modo historia.

¿El mejor Dragon Age?

Dragon Age Inquisition es de excelencia. BioWare supo escuchar a los usuarios y entregó un juego que es digno sucesor de Origins. La inclusión de un mundo abierto cambia por completo la experiencia sin alejarse de la base a la que estamos acostumbrados. Por ahí leí que los desarrolladores se inspiraron en Skyrim y se nota muchísimo, aún cuando jamás llega a sentirse como el juego de Bethesda.

Hay algunas cosas que echo de menos, como el nivel de personalización de la IA, la cámara táctica de Origins o la calidad de la banda sonora. Trevor Morris hace un buen trabajo pero Inor Zur dejó muy alta la vara en los dos juegos anteriores.

Dragon Age: Inquisition no es un juego perfecto. Tiene algunos bugs que ocurren cuando tu personaje se queda encerrado en espacios pequeños, partes del cuerpo que se enciman en algunas animaciones o elementos que desaparecen en el escenario. Uno de los bugs que más me desesperó fue el respawn de los enemigos en algunas zonas de las primeras misiones. Algunos aparecían de inmediato justo al cruzar una zona.

Otro más interesante que jugó a mi favor fue la desaparición total de un campamento enemigo. Mi energía estaba muy baja, no tenía pociones y el enfrentamiento era inevitable. Frente a mis ojos todo el campamento desapareció, solo quedó el pasto y algunas rocas.

Como sea, ninguno de los detalles anteriores empaña el juego u opaca sus grandes virtudes, que son varias. Dragon Age Inquisition es para mi el mejor Dragon Age que existe, quizás menos complejo que Origins en cuanto a las microgestiones pero más satisfactorio como juego de mundo abierto.

¿Qué significa esto?

Este artículo fue realizado con una copia del juego para PS4 proporcionada por Electronic Arts y otra para PC adquirida por el redactor.