No, no hemos encontrado evidencia de la vida después de la muerte

No, no hemos encontrado evidencia de la vida después de la muerte

Explicamos las fallas en un artículo científico que recopila experiencias de personas que revivieron después de una muerte clínica.

Hace un par de días me topé con un artículo que alegaba que se había encontrado la “primer evidencia científica de la vida después de la muerte”. En principio pensé que se trataba de una tomada de pelo de The Onion, pero resultó ser un artículo del Telegraph, cuya sección de ciencia bien podría estar publicada en el  Mundo Today, o peor: Fox News.

Hay tantas cosas mal con ese artículo que no sé por donde empezar. Tal vez aclarar un par de cosas respecto a la definición de muerte puede ser un buen punto de inicio: el artículo habla de experiencias después de la vida, cosa que no era el objetivo del experimento inicial, y recopila las experiencias de pacientes que “resucitaron” después de una “muerte clínica”.

Desde el siglo pasado sabemos que la muerte biológica no coincide con la muerte clínica, ese momento donde la circulación y la respiración cesan, que no es tan raro como el artículo lo hace parecer, ¡es más! ¡lo podemos realizar en un proceso controlado! Así es como se operan los aneurismas cerebrales. ¿Lo más interesante? Podemos mantener esta muerte clínica hasta por media hora sin mayores consecuencias.

Pero, arguendo, tal vez el artículo estaba estudiando el concepto de muerte, que es un proceso más complicado de lo que se creía. No, tampoco era el caso. Los investigadores son fervientes creyentes en las experiencias cercanas a la muerte (NDE) y el experimento intentaba proveer de evidencia experimental y objetiva al esconder una imagen en un lugar que pudiera ser visible solamente si el paciente flotaba (un objeto arriba de un anaquel especial). De aquí surgen otros dos problemas:

Sólo el 22% de los eventos cardíacos sucedió en un cuarto con los estantes especiales instalados (a), esto es evidencia suficiente para rechazar la hipótesis, ningún investigador serio podría presentar estos resultados y decir que tienen algún tipo de valor científico, y (b) en una movida categóricamente irónica, ninguno de los eventos cardíacos que sucedió en las salas con los estantes reportó un NDE que incluyera el objeto de control.

Esto causó que el estudio se tornara en un reporte meramente anecdótico sin ningún tipo de objetividad o soporte científico, algo particularmente estúpido viniendo de un estudio científico aprobado por una revista arbitrada por pares.

Hay muchos más defectos en el estudio, por ejemplo que hay una sólida teoría de la neurología (unas de esas ramas del conocimiento que no necesitan un prefijo “para” como justificación de su existencia) que explica las NED como alucinaciones causadas por la hipoxia, hipercarbia y el viejo y conocido daño cerebral.

No pretendo entrar en la discusión sobre la existencia o no de algo después de la muerte, pero antes de hacer declaraciones extraordinarias, hemos de recordar que necesitaremos evidencia extraordinaria para respaldarlas y, tal vez, sea momento de redefinir el concepto de muerte clínica.